Aquí, en Alicante, la mayor parte de mis vecinos proceden
de otras comunidades, pareciéndoles más normal
llamarse levantinos o mediterráneos que valencianos.
Sus raíces trasplantadas de Albacete o Lugo son abonadas
con la confusión de los medios. En el suplemento en catalán
de un diario madrileño, edición de la Comunidad
Valenciana, el cronista Tato escribía: "Tirant
lo Blanc. en l'eloqüencia del seu origen català"
("EI Pais", 19-XI-98). No sabemos qué documento
habrá hallado el doctor Tato para alterar la valencianía
de Martorell y su obra: EI día anterior, otro rotativo
dedicaba el suplemento escolar a ensalzar la catalana voz "tardor"
("Información", 18-XI-98), olvidando las valencianas
"otony y primavera d'estiu".
Los que han hallado en Alicante su nuevo hogar debieran saber
que los alicantinos se sentían tan valencianos como los
nacidos junto al Micalet. Del Cenia al Segura, nuestros antepasados
formaban frondosos árboles genealógicos cuyas
ramas sombreaban todo el Reino. Empresas militares comunes y
matrimonios como el de "Feliciana Sánchez de Alicante
con Andrés Balaguer, labrador del lugar de Ruzafa"
(octubre de 1663), establecían sólidos lazos.
Estos novios presentaron su limpieza de sangre en un impreso
donde constaba la denominación del territorio: "Nos,
los Inquisidores en el Reyno y Ciudades de Valencia". Observen
que Valencia era el topónimo que abarcaba todo, como
bien sabía el canónigo Tomás Daroca de
San Nicolás de Alicante, que informó sobre: "Feliciana
Sánchez, natural de Alicante, hija de Gaspar Sánchez,
vecino de Alicante y natural de Xátiva;
abuelos maternos Francisco Pelisari de Alicante, y Ana Bosch
de Alicante, christianos viejos de limpia sangre, sin mácula
ni descendencia de moros, judíos, luteranos conversos,
ni de otra secta."
Los alicantinos sentían orgullo de su valencianía,
y no hubieran consentido que les llamaran levantinos, como vulgares
montes o vientos; o mediterráneos, como si fueran sardinas
o mejillones. Prueba de ello la tenemos en un linaje ilustre
de Alicante, el de los Mingot, descendientes del Mingot francés
de nación, que decía el seudo Febrer. En 1687,
Francisco Mingot colaboró en un libro sobre San Francisco
Javier, dedicado a Ana de Austria. La obra contenía poesías
de autores que expresaban su nacimiento o nacionalidad: José
de Sada, caballero aragonés; Gerónimo Cerda, de
Mallorca; Francisco de Olaegui, de Navarra; y, encabezando una
endecha, "Francísco Mingot, theólogo valenciano
de Alicante" (Gonçález, F. R.: Sacromonte
de las musas de los Reynos de España, 1687, p. 52).
Entre las poesías en castellano, latín y valenciano
hay una donde el autor se identifica como "una
pluma grave, de la ciudad de Alicante", y aprovecha
la ocasión para ensalzar la lengua propia y censurar
la ajena, hecho que contrasta con el misticismo de los otros
poetas. Titula su composición "Romance valenciano",
aludiendo a la denominación de la lengua, no a una rima
variable o distinta del octosílabo asonante castellano.
Consciente de que está cometiendo una pillería
literaria por descuidar las alabanzas a San Francisco, comprime
en dos estrofas el concepto de que "els valencians
entenem" que es más pobre la lengua castellana
que la valenciana. EI alicantino argumenta que: "Puix que
he escrit en Castellá,/ tambe escriure en nostra Ilengua
/ que en Valencia será propia / y en Castellà
serà Grega". Todo está claro, salvo algún
incorrecto y sospechoso acento (¿mano "normalitzadora"
del siglo XX?).
Aunque "la pluma grave de Alicante" no especificara
que escribe en valenciano, no podríamos confundirlo con
el catalán o castellano del XVII. Hallamos diminutivos
como "genteta, animeta"; terminaciones de abstractos
"riquea, baixea";
uso del dígrafo africado, "antorcha
del cel" (v. 28). Los estrambóticos guioncitos fabrianos
brillan por su ausencia en los enclíticos, "pagarli
son servisi" (v. 61). La arena
no es "sorra", "peus per la arena"
(v. 21 ) y la "mara vella" (v.16)
no la normalitza en "meravella".
EI alicantino usa el sustantivo "carrera" con valor
semántico de competición entre águila y
caballo, "per lo ayre fet águila en la carrera"
(v. 56), siendo un testimonio que legitima esta voz en lengua
valenciana no la ridícula "cursa"
del IEC.
Por otro lado, los alicantinos defendían celosamente
sus fueros valencianos. En 1645, el portavoz de la ciudad de
Alicante se jactaba ante el Almirantazgo de Castilla,
recordando que la Corona de Castilla no tenía
jurisdicción en el Reino de Valencia, "por fueros
de este Reyno" (A. Cor. Aragón, Leg. 888, 1645).
Nada expresa mejor la fidelidad alicantina que las palabras
del fray Jayme de Alicante, pronunciadas en el templo de S.
Nicolás durante las fiestas de 1661. En ellas recordó
la participación de la ciudad en el ejército del
Reino de Valencia, en la Guerra dels Segadors, contra los catalanes:
"Tú, Alicante, fuiste la primera que te
ofreciste con gente de guerra al cerco de Tortosa. Vive para
el alivio de las necesidades, y vivan todas las Ciudades de
este Reyno fiel".
En 1998, los nuevos alicantinos no se enterarán del pasado
común. La inmersión deforma y controla todo -desde
Canal 9 hasta las guarderías- sembrando odio entre las
ciudades hermanas