La divisa emblemática de los nacionalismos vasco y catalán
es la mentira compulsiva. Mienten en la lengua y mienten en
la historia. Para eso cuentan con esa gran tropa de historiadores
cienciaficción dedicados a la afanosa tarea de hacer
histeria en vez de historia. El fílibusterismo editor,
cómplice del delito falsario, completa el cuadro.
El 25 de abril es siempre la fecha elegida por los trileros
de la historia catalanenca (los Rovireches, los Blocqueros y
demás troleros...) para bajar, con sus mesnadas pardas,
a insultar a los valencianos y para confundirlos, otra vez más,
con el tocomocho de la batalla de Almansa: esa gran mentira
que se inventaron los catalanes para enriquecerse a costa de
los valencianos que fuimos, por su culpa, las verdaderas víctimas
de tan fenomenal descalabro.
A los valencianos nos gusta celebrar victorias. Al `nazionalismo´
catalán le gusta celebrar derrotas. El Reino de Valencia,
victorioso tras la conquista del Rey Jaime I, celebra, con su
“9 d´Octubre”, el gran triunfo de los valencianos
sobre el rey moro. El 25 de abril nos bajan del ‘condadito’
los trileros catalanencos para recordarnos su derrota que arrastró
para los valencianos la pérdida de nuestros “FURS”
(derechos forales del Reino de Valencia). A la muerte de Carlos
II el Hechizado, rey de España, los valencianos perdimos
la Guerra de la Sucesión (1707) al posicionarnos, por
nefasta influencia de los catalanes, a favor del Archiduque
Carlos de Austria y contra el heredero legítimo que era
Felipe V el Borbón francés.
La “Gran Alianza de la Haya” entre Inglaterra, Holanda
y Austria había declarado la guerra a Francia y, frente
a Felipe V que era el titular legítimo del trono español,
las potencias europeas nos querían imponer su candidato,
el Archiduque Carlos de Austria. Cataluña arrastró
erróneamente a los valencianos a posicionarse a favor
del Archiduque Carlos y en contra del heredero legítimo,
Felipe V.
Tuvo lugar la llamada Guerra de la Sucesión y los valencianos
la perdimos: culpa nuestra por posicionarnos por el candidato
equivocado. Evidentemente Felipe V hizo su vendeta que consistió
en privar a Valencia de nuestros fueros mediante el Decreto
de Nueva Planta de 1717. Ahora bien, los falsificadores de la
historia –historiadores, editores y burguesía catalana
mienten y se presentan como las víctimas de esta derrota
cuando, pese a ser los mayores culpables, los catalanes fueron
los más beneficiados de la derrota. Los realmente dañados
fuimos los valencianos.
El comisariado nazionalista y su “propaganda machine”
hace culpable de todos los males acaecidos contra la Cataluña
y Valencia del 1700 al famoso “Decreto de nueva Planta”
(1716) del Borbón Felipe V. Dicen ellos (falsamente)
que “Cataluña perdió su personalidad y su
lengua fue prohibida”. Pura ficción y falseamiento
histórico pues, como decía el historiador catalán
Vicens i Vives, no existe en ningún artículo de
dicho Decreto la prohibición del uso de los dialectos
catalanes. Lo único que se dice en el Decreto es que
las sentencias judiciales deberían de escribirse en castellano,
pero... porque hasta ese momento se habían escrito en
latín y porque, al igual que pasó en Inglaterra,
Alemania, y Francia en ese momento, se proclamaron obligatorias
las respectivas lenguas nacionales para las sentencias judiciales.
Los dialectos catalanes se siguieron usando totalmente.
El famoso historiador catalán Vicens i Vives en su famoso
libro: “Aproximación a la Historia de España”
nos dice: “Un Decreto de Nueva Planta echó por
la borda del pasado el anquilosado régimen de privilegios
y fueros de los condes feudales. Y este desescombro benefició
insospechadamente a Cataluña porque le brindó
las mismas posibilidades que a Castilla en el seno de la monarquía
común”...
Hasta el mismísimo catedrático catalán
Emíli Giralt dice en su manual de historia: “la
Barcelona conquistada (‘por Felipe V´) era una ciudad
típicamente medieval y sería difícil de
encontrar un ejemplo tan patético de inmovilismo”...
Cataluña se modernizó y creció a costa
del hundimiento del Reino de Valencia pues, al poco del Decreto
de Nueva Planta, se canalizó hacia Barcelona el paso
de 25.000 hombres camino de la conquista de Sicilia y Cerdeña
y esto hizo que se reanimara el comercio, la artesanía
de confección y calzado, así como la fabricación
de barcos catalana.
En 1718, Felipe V para proteger la industria catalana, prohibió
la importación de tejidos de Asia y China y se empezó
entonces el aumento demográfico de Cataluña que
pasó de 350.000 habitantes en 1708 a 817.000 habitantes
en 1787. Entre 1745 y 1770 y, gracias al comercio ultramarino,
el puerto de Barcelona alcanzó la primacía en
España: no sólo se exportaban tejidos y calzados,
sino también el vidrio, de Mataró y el papel de
Olot. Y fue a Felipe V y al gobierno de Madrid a quien Cataluña
le debió el incremento del cultivo de la viña,
la exportación de vinos a América y el crecimiento
de las cepas en el Ampurdán y el Penedés ¡que
dieron lugar al actual cava!.. con toda su riqueza.
El muy actual historiador Marcelo Capdeferro dice en su libro
“Otra Historia de Cataluña” (pág 371):
“Gracias a la paz y al orden y a la laboriosidad de todo
un pueblo; y gracias también a la desaparición
de unas instituciones anacrónicas y oligárquicas,
en menos de medio siglo, se operó un desarrollo impresionante
en Cataluña en todos los órdenes”. Y lo
mismo opinan, además de Vicens i Vives y Emilio Giralt
otros historiadores como Henry Kamen, Antonio Pons, André
Laborde y el profesor Tamames.
El problema real lo tuvo Valencia quien, tan mansurrona y sojuzgada
ella como de costumbre, fue la más marginada y la que
más perdió pues fue esa fecha (1745) cuando el
puerto de Valencia y su economía empezaron un espectacular
declive que se prolongó durante lustros. Y es que como
nuestro profesor de historia nos decía en clase: “La
historia de Cataluña y Valencia, desde siempre, ha sido
la historia de dos fieras competidoras y a lo largo de los siglos
se ha visto claro que, cuando Barcelona ha subido, Valencia
ha bajado. Y viceversa.” El mal económico y financiero
no le vino a Valencia desde Almansa como los manifesteros fletados
desde el Contat, cada 25 de abril, pretenden intoxicarnos. El
mal le vino a Valencia –y le sigue viniendo por oleadas,
desde sus vecinos del norte quienes, como de costumbre, hicieron
lo indecible por sacar ventajismo y tajada de su situación
a costa de los vecinos del sur –els “ valencianets”,
cuyo desarrollo económico siempre bloquearon y siguen
bloqueando como ahora mismo con el Plan Hidrológico y
con el AVE. Y siempre con la complicidad de esta vergonzante
izquierda socialista antivalenciana, cómplice del catalanismo
burgués y enemiga del desarrollo de Valencia: ahora los
socialistas nos la matarán, llenándola de salmorra
y tendremos un Mediterráneo muerto.
Los tontos útiles del pasacalle manifestero del 25A
son los que siempre traen, desde el norte, el verdadero “mal
de Almansa”. Los archivos e historiadores catalanes decentes
así lo testimonian. Los trileros, mienten. Y los tontos
útiles se lo creen.