Con harta frecuencia, los medios del régimen entrevistan
a personas que viven en la antigua raya del Reino con el Condado.
La finalidad es la de siempre, zascandilear con el tema del
idioma para confundirnos a los valencianos. La muralla china
informativa impide huir de la propaganda filocatalana, sea el
sonsonete de la Otero, o la serie Benifotrem, en la que retoman
la fórmula de burlarse del pueblo -tratado como cateto
por hablar valenciano auténtico-, en contraste con los
héroes de la comedieta que son cultos y pronuncian excrecencias
barceloninas.
Mientras tanto, los 40.000 inmersionistas de Villalonga con
la faz dura, diamantina, insisten con el rollo esenio de que
nunca ha existido secesión lingüística entre
valenciano y catalán. ¿Cuándo aparecerán
libros de texto que digan la verdad? ¿Cuándo se
hará la historia del idioma, dando la importancia debida
a los siglos XVII y XVIII? Inocentemente, hemos caído
en la trampa de tomar como modelo el siglo XV, despreciando
la singularidad lingüística incrementada hasta el
siglo XIX. Pero siempre hubo valencianos conscientes de la independencia
idiomática.
Tenemos, por ejemplo, el testimonio de Fray Blas Verdú
hace 400 años, ajeno por tanto a la tomatina idiomática
actual. Era "natural de Catí, Reyno de Valencia",
lugar cercano a San Rafael del Río, población
fronteriza con Cataluña. Precisamente el alcalde de esta
localidad -político nacido en Tortosa y militante de
UV- fue entrevistado recientemente por el régimen. Como
catalán José Antonio Cervera nada entre dos aguas
al declarar que, "en Valencia disfrazo mi forma de hablar
para que no me tomen por catalán, sería menos
escuchado".
Actitud idéntica a la que yo adopto en verano cuando
visito ciertos recovecos controlados por el Omnium Cultural
en Barcelona. Para que no me tomen por valenciano blavero; y
me traten despectivamente (como ya me sucedió), olvido
el valenciano que tanto irrita a los integristas. Evidentemente
-a pesar de los miles de millones tirados en la inmersión-
todavía no han conseguido unificarlos. La secesión
entre lenguas romances comenzó en el medievo, no en el
siglo XX.
Respecto a Fray Blas Verdú, en su "Libro de las
aguas del Avellá" publicado en Barcelona el año
1607, se muestra orgulloso de su valencianía: "Dicen
que la patria es buena para nacer y morir, pero no para vivir;
yo digo que para saberla estimar, es bueno ser algún
tiempo peregrino". Seguidamente, después de sugerir
que no se halla satisfecho en territorio extraño (Cataluña),
habla de su patria y lanza esta indirecta a los catalanes: "ésta
es la condición de los valencianos, tienen al extraño
como natural. Líbreme Dios de las naciones que al extranjero,
todos como lobos, se le comen".
EI libro pregona las excelencias de las aguas del Avellá,
de ahí que en las 200 páginas incluya curaciones
de valencianos fronterizos: Leonor Sans, de Catí; Tomás-Cerdá,
de Morella y otros de Canet, Culla, la Cenia, San Mateu, etc.
Todos ellos -incluido el autor- habitaban zonas que ahora, con
la inmersión, dudan sobre su gentilicio. Desde Barcelona,
Blas Verdú lo tenía muy claro al referirse a los
citados de este modo: "Los valencianos huelgan (gozan)
mucho de milagros. No piden los valencianos milagros para creer,
sino porque creen" (p. 175). Obviando la taumaturgia, el
texto deja claro que no existía sombra sobre la valencianía
de los que vivían en la frontera con Cataluña.
EI fraile también aborda el tema de la lengua al tratar
sobre la grandeza de Tortosa -a cuyo obispo dedicó la
obra- destacando que la hablada en ella no tiene "la ternura
del lenguaje valenciano y la aspereza del catalán"
(p.199). Blas Verdú concede igual tratamiento -sin prioridades-
al valenciano y al catalán. En 1607 no existía
una enseñanza de la lengua valenciana; en consecuencia,
las isoglosas lingüísticas eran flexibles en la
frontera, provocando el trasiego social y comercial abundantes
filtraciones léxicas y morfosintácticas de un
idioma a otro; exactamente igual que sucedía en la franja
sur o raya con el reino de Murcia.
Podríamos elaborar una relación de cien citas
de autores distintos, fechadas en cada una de los años
del siglo XVII, con la constancia del uso de la lengua valenciana;
y no me refiero a las refritas y valiosas frases de Escolano
o Morlá. Por ejemplo, el anodino Domingo Salcedo, en
1614, publicó un enorme libro de 400 páginas en
él incluye textos "en llengua valenciana: Turia
dichos, digues qui sera com tu, ya convertixes les aygues en
nacar..." (Salzedo, D.: Breve relación. Valencia
1614, p. 193).
EI uso del idioma valenciano fue totalmente habitual. En 1692,
con motivo de la fiesta por la canonización de San Pasqual
Baylón, el cronista dice: "los siguientes pregones
que pongo, como es costumbre, en la misma lengua valenciana"
(Jesús, J.: Cielos de fiesta, Valencia, 1692, p.61 )
Aquí no divagaban sobre "nostre idioma", "llengua
comú" y demás trampas eufemísticas
de los inmersionistas a sueldo. Lo decían con orgullo
y bien claro: Lengua Valenciana, con mayúsculas. Qué
natural era eI sentimiento valencianista de Blas Verdú,
a pesar de vivir en Cataluña y editar allí su
libro en 1607. Qué contraste con los valencianos que
limosnean actualmente la procesión personal (sean cantantes;
políticos, escritores o diseñadores) en Barcelona.