Siempre me había inquietado una
duda, ¿a qué se debía la presencia de abundante
documentación valenciana en el Archivo de la Corona de
Aragón en Barcelona? Eran, muchos de ellos, legajos de
los siglos XVI y XVII, escritos la mayoría en castellano
y algunos en valenciano, dirigidos al rey y autoridades que
residían en Madrid y Valladolid; es decir, nada que ver
con Cataluña ¿Por qué estaban allí?
Este fondo documental -de incalculable valor- permanece retenido
ilegalmente en Cataluña desde 1852; no existiendo base
legal alguna para -si las autoridades valencianas lo reclaman-
impedir su devolución. Los temas de los legajos son muy
variados: conflictos bélicos, disputas entre virreyes
y jurados de Valencia, problemas sanitarios, protocolo, etc.
La historia de esta apropiación es la siguiente: en 1808,
las tropas napoleónicas saquearon el archivo castellano
de Simancas, siendo transportada a Francia gran parte de sus
fondos; entre ellos, los valencianos.
Allí permanecieron hasta 1852, cuando en gesto de buena
voluntad Francia permitió su devolución a España;
no obstante, sin motivo justificado, los legajos valencianos
-que jamás habían estado en Barcelona-, se quedaron
en la ciudad condal. Puede que la causa estuviera en el deseo
de Antonio de Bofarull -funcionario en el Archivo de la Corona
de Aragón en 1852- de llevar a cabo el proyecto ideado
por Xavier de Garma en el siglo XVIII, que pretendía
"reunir" la documentación de Aragón,
Valencia y Mallorca en Barcelona, y depositarla en el Archivo
de la Corona de Aragón. Hay que aclarar que este rimbombante
título es reciente e impropio, pues comenzó a
usarse en el siglo XVIII, cuando ya no existía la Corona
de Aragón; anteriormente era un archivo del rey, de igual
categoría que los de Zaragoza y Valencia. Todo indica
que el círculo barcelonés de Xavier de Garma pensó
que legitimaría la retención de documentos pertenecientes
a otras comunidades con el aparatoso título de Archivo
de la Corona de Aragón. El maquiavelismo con que fue
tramado el cambio de nombre queda de manifiesto en el sigilo
guardado en los preparativos y el hecho de no consultar a valencianos,
aragoneses y mallorquines; ocultando la operación hasta
que fue consumada.
Ellos sabían que no era correcto, pues ni siquiera el
Archivo de Simancas, donde se halla la documentación
de la Corona de Castilla, adoptó título similar.
Con menor derecho, por tanto, podría utilizarlo el de
Barcelona en una confederación -la aragonesa- donde los
estados eran soberanos, y sólo unidos por la monarquía
común. Todo fue una operación de maquillaje y
pensando en el futuro; todavía en 1802, cuando Carlos
IV sintió curiosidad y quiso visitarlo, el ruborizado
archivero tuvo que inventarse la infantil excusa "de haber
perdido las llaves"; tal era el caos, suciedad y abandono
del recinto.
El problema es grave y difícil de aceptar por las autoridades
catalanas, pues no sólo tienen que devolver lo saqueado
por Francia en 1808. Mucho antes, en 1419, un fuero de Alfonso
el Magnánimo ordenaba que se depositaran en Valencia
los documentos, o copias, que estaban esparcidos en otras ciudades
de la Corona. Hay que aclarar que en los siglos XIII y XIV,
la documentación valenciana fue llevada a Zaragoza y
Barcelona para su seguridad, pues el Reino de Valencia fue escenario
de constantes luchas con musulmanes y castellanos. Ya en el
siglo XV, el rey consideró segura la conservación
de documentos en nuestro territorio.
La orden del Magnánimo no fue cumplida, quizá
por la larga ausencia del rey, inmerso en la conquista de Nápoles.
Así que en el siglo XVI, nuestros antepasados insistieron
en la misma petición, concediéndoles Carlos I
en las Cortes de Monzón de 1542 que: "todos los
registros y actas que son de la dicha Ciudad y Reyno de Valencia,
los cuales están en los archivos de Zaragoza y Barcelona
sean restituidos y puestos en el Archivo del palacio Real de
la dicha ciudad de Valencia". Poco después, en 1570,
a ruegos de "su fiel y amado archivero de este Reyno de
Valencia", Felipe II dio instrucciones a los archiveros
de Aragón y Cataluña, ordenándoles entregar
la documentación tocante "al Reyno de Valencia,
para que la reciba y traiga al Archivo desde dicho Reyno".
Los aragoneses acataron la orden y, el 28 de enero de 1571,
Felipe II mandó abonar al "archivero del Reino de
Valencia, Francisco Juan Maiques", los gastos ocasionados
por trasladar a Valencia los registros, libros y escrituras
conservados en Zaragoza. Sin embargo, como era habitual, la
orden no fue obedecida por los catalanes.
Incluso en el siglo pasado, en 1863, el director del Archivo
del Reino de Valencia denunciaba que los catalanes deberían
"dar cumplimiento a las tan infructuosas o ineficaces como
repetidas órdenes de los monarcas en este asunto".
El silencio fue la respuesta a esta última y legítima
demanda. Quizá ahora, las autoridades valencianas sepan
reclamar el legado de nuestros antepasados, que continúa
secuestrado en Barcelona.
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No entiendo
lo que ocurre. La Generalidad de Lerma está dispuesta a
todo para recuperar de Salamanca unos documentos
de hace cuatro días, históricamente hablando, pero
es indiferente respecto a la retención en Barcelona de
un fondo documental de incalculable valor.
Son legajos de los siglos XVI al XVIII, escritos en castellano
y en valenciano, dirigidos al rey y autoridades que residían
en Madrid y Valencia; es decir, nada que ver con Cataluña.
¿Por qué razón están allí?
Porque fueron robados a sus legítimos dueños, así
de sencillo. EI fondo permanece secuestrado en Barcelona desde
1852 y no existe base legal para impedir su devolución
si las autoridades del PSOE, en gesto heroico,
rompieran el vasallaje a Pujol y se animaran a reclamarlo.
¡Qué diferencia con la actitud de los salmantinos!
Salamanca está en pie de guerra defendiendo el único
archivo nacional que posee. EI edificio -cuando lo visité
el 23 de marzo- se hallaba custodiado por policía municipal,
pistola al cinto. EI pueblo, consciente, vigilaba las caIles de
Tentenecio (sic) y de San Vicente Ferrer,
lugares por donde podían atacar los mossos d'esquadra.
Pero, dejando ironías fáciles, el tema es serio.
La historia de cómo Ilegaron a Barcelona estos documentos
es la siguiente: en 1809, las tropas de Napoleón
saquearon el archivo de Simancas, siendo transportados
a Francia parte de sus fondos; entre ellos, los valencianos. Quinientas
galeras (similares a las carretas del Oeste) recorrieron el camino
hacia Irún con los papeles pertenecientes a la Secretaría
del Reino de Valencia. Los documentos abarcan desde mensajes del
duque de Feria (no el amigo de las niñas,
sino su antepasado virrey de Valencia) avisando del peligro turco
al Consell de Alicante, o los memoriales de Valencia a Felipe
II, recordando que "el marqués de Denia podría
traducir al rey los escritos en lengua valenciana".
En Francia permanecieron hasta 1852, cuando permitieron su devolución.
En el regreso, sin causa justificada, los legajos valencianos
se quedaron en la ciudad condal. Los Bofarull -que controlaban
el Archivo de la Corona de Aragón en 1852
deseaban Ilevar a cabo el proyecto ideado por Xavier de
Garma en el siglo XVIII, que pretendía "reunir"
documentación de Aragón, Valencia y Mallorca en
Barcelona. Hay que aclarar que este rimbombante título
era impropio, pues comenzó a usarse a fines del siglo XVIII,
cuando ya no existía la Corona de Aragón; anteriormente
era un archivo del rey, igual que los de Zaragoza y Valencia.
Todo indica que el círculo barcelonés de Xavier
de Garma pensó legitimar la retención de documentos
pertenecientes a otros territorios con el aparatoso título
de Archivo de la Corona de Aragón. Fue
una operación maquiavélica e innoble.
EI problema es complejo, pues no sólo deben devolver lo
saqueado por Francia en 1809. Existe documentación anterior
depositada en tiempo de guerra, y que debía ser devuelta,
si hubieran obedecido las órdenes reales. Con decir que
en 1863 el archivero del Reino de Valencia, asqueado, denunciaba
que los catalanes "deberían dar cumplimiento a las
tan infructuosas como repetidas órdenes de los monarcas
en este asunto".
Ni un sólo documento valenciano de los robados en Simancas
iba dirigido a Barcelona. Remitentes y destinatarios eran del
Reino de Valencia, Madrid y Valladolid (cuando la Corte, con Cervantes
tras ella, residía en la ciudad del Pisuerga).
Los papeles permanecían en el Consejo de Aragón
o en la Corte durante el periodo que duraba el proceso,
o cuando interesaba a la autoridad competente. Después,
por orden real, se devolvían al Reino de Valencia.
EI intercambio fue interrumpido a mediados del siglo XVII, cuando
la guerra con Francia, y nunca se restableció; pero hay
constancia de todo. EI verano pasado localizamos la instancia
del 1641 empleada para recoger en Madrid la documentación:
"EI Archivero del Reyno de Valencia, que está
en la Corte, pide que se le dé orden para recoger TODOS
los procesos de aquel Reyno, conforme está mandado"
(A.C.A., leg. 882). Este escrito, substraído por Francia,
también se entregó ilegalmente a Barcelona.
Por cierto, el señor Ardanza y sus gudaris
podían reclamar también la documentación
vasca que, "inocentemente", se quedaron los catalanes
después del saqueo francés de Simancas. Allí
están temas tan interesantes como los de la guerra de Guipúzcoa
en el siglo XVII, o las "andanzas del virrey Anaya veedor
del Ejército de Cantabria" con "papeles de la
campaña de Echeberrí en el norte de Navarra".
¿No interesará -pregunto a HB o PNV
la "acción del Tercio de Irlandeses sobre la ciudad
de Vitoria" o las vicisitudes de "Martín
de Gorriti, veedor general de estas provincias de Cantabria,
con papeles de la Armada del Mar Océano"? Pues lo
tienen todo en Barcelona, en el legajo 1.377 del ACA; pero seguro
que las autoridades vascas mirarán a otra parte. Atacar
a Salamanca queda "progre" y es electoralmente rentable;
algo muy distinto a enfrentarse a los aliados del eje PSOE y CiU.
Volviendo a lo nuestro. Los catalanes no pueden aportar ninguna
orden real que legalice la presencia de esta documentación
valenciana en el mal Ilamado Archivo de la Corona de Aragón.
Y qué vergüenza sentí cuando Lerma,
en el año 1993, fue a Barcelona para inaugurar el nuevo
edificio del Archivo de la Corona de Aragón. De su boquita
de piñón no salió una sola frase reivindicando
el legado valenciano; y ahora, con los pobres salmantinos, se
transforma en fiero león. Esas valentías, señor
Lerma, con los catalanes. Aunque ya sabemos que ante el poder
catalán se transforma en un querubín hierático
e inocentón. |