Altera la historia inmersora, pero es un hecho que después
de 1707 se representaban e imprimían comedias donde la
lengua valenciana estaba presente. En 1713 se estrenó
en el corral de la Cruz una obra sobre Benet de Benimaclet,
superándola en interés "La charpa más
vengativa", impresa en 1747 en la madrileña calle
de la Paz. Esta comedia de Luis Vallés desarrollaba su
acción en el Reino, siendo protagonista Baltasar Llorca,
"labrador valenciano de Villajoyosa", huido de la
justicia por lances de honor.
El texto contiene neologismos como la voz guapo. Aparecida hacia
1650 en las neolatinas hispánicas, significaba valor
y chulería; no obstante, en esta obra se usa en su acepción
moderna, al preguntar un cuadrillero a una moza: "Miram
¿no soc molt guapo?" (f.9). Quizá es la primera
documentación del adjetivo con acepción estética.
En castellano y catalán aparecería esta variable
semántica a fines de la centuria. El autor acomodó
el texto para la comprensión del espectador madrileño;
de ahí que un roder de Torrente apodado Albudeca explique
el significado del mote a Leudomia, una sirvienta cuyo nombre
es valencianizado irónicamente por el torrentí:
"Lleudomia de les Lleudomies". Quizá era castellana,
ya que su ama Francisqueta y las amigas -todas de Vila Joyosa-
hablan valenciano en la comedia. El de Torrente, con guasa,
explica: "Albudeca es la especie de melones más
infame que en Valencia criamos; cuando cosa mala soy, quiero
Albudeca llamarme".
Este arcaísmo, que los cruzados de Jaime I oirían
por primera vez en Valencia, era el nombre de una "especie
de melón aguanoso y desabrido" (Escrig, 1887). El
vocablo se extendería por Tortosa hacia el norte, aunque
el catalán Eiximenis todavía citaba "albudeques"
como valencianismo en el siglo XVI. También Esteve recoge
en el "Thesaurus valenciano" de 1489 este derivado
de buttáiba, transformado por los mozárabes en
albudeca; de igual modo que buhäira devino en albufera.
Los madrileños de 1747 escucharon el idioma valenciano
en frases como estas: "Hermosa mes que ta mare ¿no
em fas alguna festeta? ¿no em dius aglunes paraules?"
(f.8). En la comedia visten "a lo valenciano", aunque
los labradores de 1747 son calderonianos alejados del folclorismo
vegetativo de traca, pet, paella y obedecer al que manda. Armados
hasta los dientes, a la mínima ofensa se enfrentaban
a la borbónica Ronda Volante del Reyno que patrullaba
entre las alquerías de Vila Joyosa, Elig y la mística
Oriola ("o casarte con Feliu, o ser monja en Orihuela",
f.14), zona que el Madrid actual insiste en llamar Levante,
burlando la denominación histórica y destruyendo
raíces.
La comedia acaba bien. Baltasaret, "la charpa más
vengativa en el Reyno de Valencia" (f.15) es indultado,
aunque debe alistarse en el ejército que lucha en Gibraltar.
La valencianía del ambiente brota en la última
escena, cuando en el teatro madrileño resonaban tabales
y dulzainas en "la entrada de las casadas y doncellas de
Villajoyosa" hablando en valenciano: "Chiques, anem
que ya toquen el tabalet y donzayna" (f.20). Dispuesta
a danzar, una joven de Villajoyosa proclama su valencianía:
"No fuera yo valenciana si no saliera a bailar"(.20).
En 1746 se representa en Madrid la "Comedia nueva del más
heroico valor y temido valenciano Mathias Oltra", de Tomás
Manuel Carretero. En ella, los Oltra de Mulvedre, Grifol, Vicenteta,
Moreno de Liria y Córcova van "vestidos a lo valenciano",
hablando léxico como melón de Alcher, corbellot,
troset, chirivia, breva, Grao y, como en la otra obra, albudeca.
En una escena pregunta el Virrey: "¿Son del Reyno?"
(f.13), y es que en toda España, al decir Reino se asociaba
al de Valencia. En otro pasaje, Moreno de Liria exige la consigna:
"¿Quién va?", contestándole Grifol
"¡San Vicente Ferrer!". Al aproximarse Matías
sólo dice parte de lo acordado: "¡San Vicente!",
a lo que el Moreno pregunta: "¿De qué?",
replicando Oltra: "¡Ferrer! ¿No lo he dicho?"(f.21).
Un detalle curioso es que las valencianas llevaban pistolas.
Todavía en 1764, entre calores agosteños, volvía
a representarse "La charpa más vengativa";
pero algo había cambiado. Humildes valencianos de Alboraya
o Alicante llegaban a Madrid con agua de cebada y horchata.
El prototipo de orgulloso Baltasar Llorca fue sustituido por
el de pragmático heladero ambulante vestido con "sarahuells".
Una partitura madrileña de 1770 alude a nuestros entrañables
antepasados: "el valenciano ligerito de ropa y siempre
fresco" (Tonadilla del valenciano. Madrid, año 1770).
Cantada a tres voces con acompañamiento de violín,
flauta y contrabajo, el letrista castellano dejó testimonio
del uso de la lengua valenciana por las calles de Madrid. El
vendedor gritaba "¡Zevada (sic) que refresca qui
veu ¿Qui vol refrescar?" (id.). A mitad de la pieza,
el cantante interpretaba "la toná dita del valenciano:
Per un carrer de Valencia...".
El idioma valenciano tenía en Madrid sus lectores, pues
los coloquis llegaban a las bibliotecas de los ilustrados madrileños
y se editaban. En 1787 salía de la imprenta madrileña
de Manuel González un coloquio de largo título:
"Els dos amics Nelo y Quelo: Heráclito y Demócrito
del present sigle per lo terme, pues nelo plorant y Quelo rient...".
No sólo en Madrid se respetaba la existencia de la lengua
valenciana, en la misma Cataluña y en pluma de los más
cualificados eruditos se dejaba constancia de ello. En 1753,
el cisterciense barcelonés Jaume Finestres escribía:
"pusieron entallado en la piedra un letrero en lengua valenciana,
que vuelto a la castellana decía..." (Finestres:
Historia del Real Monasterio de Poblet, Cervera 1753, p.94)
Ahora, en el 2001, los comisarios de la Generalitadt obligarían
al heladero que cantaba la toná a pronunciar tonada,
sin apócope, como en castellano y catalán. También
le impondrían barbarismos como tona, sustituto del vocablo
valenciano tonellá (tonelada); y al padre Finestres,
erudito catalán, le pondrían el sambenito de secesionista
blavero. Pero la documentación está ahí,
aunque la inmersión la oculte: Luis Vallés y Tomás
Manuel Carretero conocían y usaban la lengua valenciana
en el Madrid borbónico. Hoy, con millares de maulets
parásitos, el idioma valenciano está prohibido.