CULTURA

Marisol González y las criadas

Ricardo García Moya

(Articul publicat en Diario de Valencia el 11 de maig de 2003, tret de

 

En un diario colaboracionista aparece con aspecto de simpática bolichera dominguera con relojito, collar, pulserita y manga corta para ventilar adiposidades, dando la impresión de que en cualquier momento gritará “¡Sinyoretes, tinc el IIobarro mes fresc del mercat! ¿Voleu clóchines, palayes, tellines, sepionets, abaechats, carrancs? No, Marisol González de la AVL no ofrece pescado; sino que piensa dar caña a los valencianos “ignorantes, sin autoridad moral ni científica”, que se opongan a las normas catalanas; aunque recomienda “prudencia en este momento delicado”. Cuando pasen las elecciones, su AVL sacará los textos de destrucción masiva y leyes, muchas leyes para amedrentar al insurgente blavero. Nacida en Nulas, Marisol González ha sido escogida para la secretaría de la AVL por su enfermiza defensa del idioma catalán. Canonizada por el diario Avui y editada por Eliseu Climent y el Moll, esta poetisa en lengua catalana declara: “Tengo una lengua, que es mía y de todos, y que quiero desde que nací”. De acuerdo, Marisol, eres normal y nadie duda de que tienes buena lengua para hablar y buen trasero para sentarte y otros usos. Lo que no tienes, pese a tu condición de académica, es claridad expresiva; pues la lengua que tanto amas no la adjetivas: ¿es la de tu boquita, la valenciana o la catalana?

En 1816, la imprenta vecina del Forn de Salicofres publicaba “El almacén de criadas”; sainete sobre las mujeres que, huyendo de la miseria, trataban de sobrevivir sirviendo a la burguesía. Para la insensibilidad social de aquella época entre la Revolución, francesa y el retorno del despreciable Fernando VII, las sirvientas eran un producto con derecho a devolución. En los diálogos, Don Lorenzo comenta que va “a buscar criada por todos los hospicianos, que estamos sin ella” (p.2). Y Roque le aconseja: “Si pretendes acertarlo, al almacén de criadas puedes ir; en el Barquillo hay de quantos (sic) géneros de criadas busquen”. En 1816 había tal abundancia de criadas en paro como filólogos dispuestos a ser académicos catalaneros en 2003, pero ellas cobraban menos: “¿Y qué se paga por sacarlas? Lo ordinario son dos reales, y la vuelve si no está contento”. La oferta era amplia: “Allí hay payas, hay gallegas, majas de golpe y porrazo, viudas, extranjeras, beatas y, en fin, hay en este estanco con el nombre de criadas el más perverso ganado” (p.3). La acción del sainete quizá suceda en Madrid, antaño tierra de promisión de sirvientas gallegas, andaluzas y vascas; pero no valencianas. El dramaturgo refleja burlescamente el habla gallega: “¡Gallegas, traed el desayuno! Meu señor, ya lu llevamus” (p.3).

La orgullosa valenciana, tan acertadamente descrita por Gómez de la Serna, no servía a castellanos ni catalanes; pero los tiempos cambian y hay quien sirve al Institut d’Estudis Catalans y su mascota. El trabajo no es para enorgullecerse, al consistir en ir introduciendo en el idioma valenciano el léxico y morfosintaxis impuesto por el expansionismo catalán desde 1860. Por ejemplo, las muy excelsas y premiadas poesías de Marisol están salpicadas de cagallones léxicos como “malucs”, sustantivo inexistente en idioma valenciano; aunque los falsos diccionarios valencianos de Inmersiomán lo incorporen para corromper a los menores. La taranconiana Marisol sabe y entiende perfectamente (¡menuda expresión de lince tiene la señora!), que “malucs” no es de esa lengua valenciana que escuchó en Nules cuando era un tapón, ni tampoco de ningún escritor valenciano anterior a la compraventa de lletramorts valencians en la Barcelona del 1900; pero gusta al IEC y su mascota AVL, al Avui, al Moll y a Eliseu Climent.

La jovial Marisol está feliz; los premios, halagos y pelas le llueven; la AVL se inclina ante su catalanismo y, además, recibirá millones de nuestros impuestos para poder catalanizar como le salga del moño. Esta individua es una apisonadora que tritura las características diferenciales del idioma valenciano. En sus anacrónicas poesías de melancolía amorosa tipo La venganza de Don Mendo, pero en serio, elige la morfología del castellano arcaico y catalán actual: “bellesa, saviesa, tendresa, tristesa”, despreciando la valenciana de “bellea, saviea, tendrea, tristea”; y hace el ridículo al usar sustantivos como “porus”. Dime, Marisol del Parnaso y del Parné: ¿ignoras que la primera vez que aparece esa voz fue en texto del valenciano Arnau de Vilanova, hacia el 1305, y no fue el latín “porus”, sino el plural valenciano “poros”?. Luego pasaría al castellano y catalán, documentándose “poro” y “porositat” en el XV y XVI; p.e.: “tenen molts poros” (Pou: Thesaurus, 1575). Jamás se perdió la voz y su morfología clásica: “poro, poros, porositat” (Escrig, 1887); “poro, porós, porositat” (Dicc. RACV, 1997). También es cierto, musa rubeniana de la tercera edad, que si usaras el idioma valenciano no te alabaría el Avui, ni te editaría el tío Climent y, por supuesto, no te llamarían de la academia catalana de San Zaplana y Ascensión.

Como debes saber, ese catalán “gespa” que salpica tus ripios se documenta posteriormente al valenciano “cespet” (Escrig: Dicc.1871); pero tú eres fiel a Cataluña y prefieres el sustantivo catalán; igual que haces con “copsar”, palabra que provocaría risitas en Nulas o Muchamel por su exotismo y coentor; pero tú la quieres, ya que fue introducida por el catalán Verdaguer hacia 1870. Renegando de Joanot Martorell, Jaume Roig, Timoneda, Lluis Galiana o Escalante, abandonas el cultismo valenciano “colp” y acoges la corrupción moderna catalana “cop”, pues así os lo manda Cataluña. Las normalizadoras como tú, gentil Marisol, sois terribles inquisidoras contra cualquier neologismo valenciano surgido en la prosa o verso de los saineteros del XIX, pero tenéis orgasmo filológico múltiple ante cualquier piltrafa léxica catalana de la misma época. Si alguien normal de Nules (no normalitzat por Inmersiomán) lee tus poesías, aparte del mal gusto, se volverá loco con voces como “dèria”, vocablo que jamás perteneció al valenciano, pues aparece en un sainete barcelonés del malasombra Pitarra en 1864.

Del latín “crepusculum”, las lenguas cultas peninsulares crearon voces como el crepúsculo castellano y el “crepuscul” valenciano; pero, hacia 1910, los expansionistas catalanes con más traumas sexuales que el bastón de Antonio Gala decidieron eliminar la terminación “cul”, inventando el monstruito “crepuscle” que les parecería más decente. Nuestra poetisa Marisol también huye del pecador “cul” morfológico, escogiendo el catalán “crepuscle” en sus versos de cartón piedra y purpurina. Con el refuerzo de Marisol en la AVL, cuatro años de calvario catelanero nos esperan. Después del 25 M, los que Marisol llama “profesionales de la lengua” catalana, nos darán ración doble de porus, malucs, copsar, etc. El Reino se ha convertido en un miserable almacén de criadas, donde el señorito IEC escoge la que mejor le sirve.


 
“Historias del Idioma Valenciano”, 2003, Edita Imprenta Romeu, 373 pp., 34 €
 
(Pots vore la portà i taula de continguts aci http://www.elpalleter.com/actualitat/cultura/llibres.html , una obra reblida de documentacio i apassionants histories de la Llengua Valenciana que tot defensor de la seua idiosincracia deu coneixer)

“Diccionari históric del Idioma Valenciá Modern”, 2006, Edita Associació Valenciana d’Informacio i Difusió, 858 pp., 22 €
 
(Esta obra es un pou de documentacio historica sobre el lexic valencià, bona part d’ell proscrit i prohibit; una obra imprescindible que tot estudios de la Llengua Valenciana no pot obviar, aixina com tot aquell valencià desijos de coneixer la seua llengua i defendrela en bona cosa de documentacio. En definitiva, una magna obra per al Valencianisme que el gran erudit del lexic valencià, Ricardo García Moya, mos servix en flitera frut de moltissims anys d’investigacio constant en infinitat d’archius i biblioteques).
 
 
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