El tratado
“Regles de esqui-var vocables” es una falsifica-ción
realizada hacia 1920. Pre-tendía justificar, al remontarlo
a 1492, el proyecto de naciona-lismo expansionista catalán
ba-sado en la unidad de la lengua. El texto, traducido, comienza
así: “Palabras que debe evitar quien quiera hablar
bien la len-gua catalana, a juicio del reve-rendo mosén
Fenollar y Jeró-nimo Pau y otros expertos ca-talanes y
valencianos” (Arch. Cat.Gerona, Cod.69 ) Todo per-fecto.
En 1492 se habrían pues-to de acuerdo en unificar la len-gua
catalana Fenollar y otros literatos valencianos y catala-nes.
El absurdo de esta historie-ta que anticipaba en medio mi-lenio
el Institut d’Estudis Cata-lans es manifiesto. El perspicaz
Martí de Riquer, analizando la frase, advirtió que
“Bernat Fe-nollar no hauria escrit mai la llengua catalana,
sinó la llengua valenciana” (Riquer,1964).
El códice de Carbonell fue co-nocido y consultado en el
pasa-do por investigadores, historia-dores y filólogos
que, inexplicablemente, no dedicaron ni una línea al sensacional
documento filológico. El padre Jalme Villa-nueva, en 1807,
visitó la cate-dral de Gerona y estudió el con-tenido
del códice, publicando sus impresiones y describiendo el
contenido: odas, epitafios, himnos, epigramas, correspon-dencia
con Jerónimo Pau, etc; pero no dedicó una palabra
a las singulares reglas (Villanueva: Viaje. literario, Madrid,
1850). El códice vuelve a ser descrito minuciosamente en
otro docu-mento conservado en la Aca-demia de la Historia (Sig.
9/ 4560); pero las reglas supuesta-mente escritas en los folios
200 al 202 permanecen invisibles y no son observadas. En plena
efervescencia del catalanismo idiomático, el nacionalista
Ma-nuel de Bofarull vuelve a revi-sar con lupa el códice
Carbonell y describe su contenido (Bofarull: Colección
de doc. Bar-celona 1864); pero ignora silencia las reglas sobre
barbaris-mos que hubieran hecho esta-llar de orgullo patrio a
toda el batallón de paleógrafos comandado por Milá
i Fontanals: En 1864, evidentemente, las reglas no estaban escritas
todavía.
El falsificador sólo utilizó dos folios y medio
de los seis del si glo XV que permanecían en blanco entre
la miscelánea de escritos de Carbonell. El erudi-to Badía
i Margarit se descon-certaba ante “la incógnita de
tres folis i mig en blanc, que per una raó o altra Carbonell
havia deixat al manuscrit” (Badía. A.: Les regles,
Barcelona 1999 p.430). El papel, por tanto, lo tenía el
falsificador al alcance y en el lugar perfecto. La tinta era sencilla
de elaborar para cual-quier paleógrafo, figurando la fórmula
en textos como el de Pou (a. 1575), de moda entre los lexicógrafos
catalanes del 1900.
Los que defienden la chapuza dicen que Carbonell invirtió
15 años en redactar las cinco caras. Mucho tiempo, por
lo que hasta incondicionales como Badía Margarit se preguntan
sobre “la brusquedat amb que el text és interromput”
(ib.) Esta claro que el falsificador que escribió sobre
los folios en blanco hacia 1920 tenía miedo a ser descu-bierto,
interrumpiendo no una, sino dos veces una falsificación
que, por nerviosismo, dejó cabos sueltos. La finalidad
del fraude no era sustituir una voz por otra, sino probar la supedita-ción
valenciana al catalán y el deseo de unidad lingüística
en el siglo XV.
El falsificador, en otro desliz, rehuye utilizar la denomina-ción
Reino de Valencia usada por el auténtico cronista Car-bonell,
introduciendo el cómico “Payssos de Catalunya”
¿Países de Cataluña en 1492? El archi-vero
Carboneil redactaba en aquellos años “Croniques de
Espanya”, obra sobre territo-rios peninsulares donde jamás
utiliza el concepto geopolitico de Paisos Catalans, inexistente
en 1492. Excepcionalmente ha-bla de “nostra nació
aragonesa, valenciana e catalana” (Cróni-ques, 170).
Reciente la victoria del Reino sobre el Condado en la guerra acabada
en 1472, Carbonell recuerda el protocolo real donde los representantes
del condado de Cataluña ocupa-ban puestos inferiores a
los del Reino de Valencia. Según los crédulos, las
reglas habrían sido elaboradas por Carbonell y su primo
Jeroni Pau entre 1475 y 1492. Fue una ambiciosa “operació
política y gráfica” (Badía, 166), pero,
incompren-siblemente, entre la abundante correspondencia entre
el archi-vero y el humanista, coetánea del manuscrito,
jamás aluden a las reglas, ni se plantean dudas sobre si
tal sustantivo o adjeti-vo debiera figurar en ellas. ¿Por
qué guardaron silencio sobre el ambicioso proyecto? Porque
ellos no escribieron las reglas. El falsificador fue un pa-leógrafo
erudito del 1900, cono-cedor de la vida del famoso ar-chivero
Carbonell y la de Jeroni Pau, aunque cometió torpezas como
atribuir a Fenollar parte de las reglas, pensando que el valenciano
escribió la famosa “Sentencia”, que sólo
fue un irónico recurso literario de Gasull en la “Brama
dels llau-radors”. Este error, iniciado por Almudéver,
no podía cometerlo un coetáneo de Fenollar.
¿Cuándo deja de ser invisible la tinta de las reglas?
¿No lo adivinan? En 1932, año en que el IEC impone
las normas de Castellón. ¿Y saben quién des-cubrió
las reglas en el releído códice? Jaume Massó
i To-rrens, un paleógrafo naciona-lista fundador del IEC.
Con di-nero y una mente genial se dedicó a la lucha por
el catalán y Cataluña. A los 18 años fun-dó
L‘Avenç, impulsando la pu-blicación de más
de 500 títulos con finalidad nacionalista y defensora del
catalán. Perte-neciente a la Unió Catalanista, fue
miembro de la comisión que organizó el Primer Con-greso
Internacional de la Len-gua Catalana en 1906. Publicó estudios
sobre “Crónicas catala-nas” (1906) y “Bibliografía
dels antics poetes catalans” (1914) “Repertori de
l’antiga literatura catalana”, etc.
Massó estudió y publicó en L ‘Avenç
el debate poético entre Ausias March y Joan Moreno (Ms.a.
1458), pugna literaria en-tre valencianos que hubiera si-do perfecta
con la participación de un catalán; aunque mejor
se-ría la existencia de unas reglas sobre la lengua catalana,
acep-tada por los clásicos valencia-nos, donde se reconociera
la existencia de los Países Catala-nes en el XV. Massó
tenía me-dios y conocimientos para lle-var a cabo una empresa
de es-tas características: editor de publicaciones literarias
nacio-nalistas, erudito, paleógrafo, nacionalista exaltado,
amigo y mecenas de filólogos, pintores y dibujantes que
trabajaban en sus ediciones y que eran capa-ces de imitar un dibujo
de Du-rero o la caligrafía irlandesa del libro de Kells.
Conclusión: los dos folios y medio llamados “Regles
de esquivar vocables” no pertenecen a la lexicografía
medieval; sino a la música coral del 1900. En ellas canta
hasta el perejil. |