El diario “Levante”, flabio-laire del IEC, sigue
ofertando el cientifismo filológico catalán, cual
que Carlos Jesús con su Raticulín. La enésima
reencarnación del Yahvé idiomático la anunciaba
así: “Un miembro de la Real Academia Española
defiende la unidad de la lengua en Valencia” (Levante,
11/12/02). El prenda no es otro José Antonio Pascual
(je, je!), coautor del Diccionario critico etimológico
castellano e hispánico (DCECH); causa de su admisión
en la RAE y, también, de alabanzas al “rigor investigador
logrado con el mejor estilo del método hipotético-deductivo”
(El País). Pero, académico Pascual, el ser coautor
también te hace responsable de lo negativo que contenga,
y hay mucho; especialmente sobre el valenciano. Dices, por ejemplo,
en relación a un vocablo: “el valenciano Joanot
Martorell afirma en 1437 que en catalán lo conocían
ya hasta los muchachitos” (DCECH, t. IV, p. 634). No,
Pascual, eso es mentira; lo de “catalán”
es un pegote añadido por vosotros. Ni Martorell ni ningún
“muchachito” valenciano del XV dijo que su idioma
era otro que el valenciano; y, como sabes y callas, así
lo declaró el novelista.
Como te tomas confianzas hasta el punto de negarnos el idioma,
te trataré cordialmente. Dime, Pascualet: ¿en
qué palimpsesto hallaste la titulación medieval
de rey “de Cataluña, Aragón, Nápoles”
(V, p. l22)? Olvidas el nombre de Valencia y sitúas a
Cataluña en lugar preeminente; basándote, quizá,
en aquello de “el burro delante...”. Falseas el
protocolo, que era el de “Rey d’Aragó, de
Valencia...” (ACA. Cortes reala, n. 3280, 15 abril 1328);
y, sistemáticamente, eliminas el titulo de reino para
Valencia, divulgando otro ficticio: “panolla en Valencia,
panotxa en el Principado” (t. V, P. 603). Hasta el catalán
Francisco de la Torre, en 1667, comentaba que el Reino de Valencia,
“con la voz sola de Reyno se entiende comúnmente”
(Torre: Reales fiestas, 1667, p. 124). Este poeta, traductor
de Owen y amigo del embajador inglés en el Madrid de
1673, respetaba al Reino y reconocía su idioma: “que
la lengua sea valenciana, castellana o latina” (ibid.
p. 44). ¡Ay, Pascual! pareces un vulgar académico
de Ascensión, retorciendo morfologías; pues, ¿dónde
figura el valenciano “milotxa” con tx? (IV, p. 77)
Si leyeras el Diario de Valencia (31/3/02) no harías
el ridículo y sabrías que el sustantivo “milocha”,
con ch, está documentado en idioma valenciano antes que
en otras lenguas. No sé qué os pasa con la ch
valenciana, desde Verónica Cantó al Hauf no guipáis
ni una ¿No vendréis de Raticulín y, aparte
del ano (como le pasó a Carlos Jesús), os habrán
manipulado la visión?
¡Qué travieso eres, Pascual! Una de las gamberradas
léxicas más lograda es la que hiciste con el sustantivo
“mancha”, en su acepción de fuelle (de étimo
“mantica”), no de suciedad (de “macula”).
En tu diccionario dices: “Mancha o fuelle, aragonés
y murciano, 1ª doc. 1836, del catalán manxa” (DCECH).
Es decir, en aquellos ocho años que trabajaste “de
11 de la mañana a 12 de la noche”, descubriste
que mancha (fuelle) era voz murciana y aragonesa, procedente
del catalán “manxa”. Entre polvo y paja léxica
descubriste que la primera documentación de “mancha”
(fuelle), era del año 1836; pero hiciste trampa al no
recoger los copiosos testimonios valencianos sobre “mancha”
(fuelle, topónimo...), en tu diccionario de ocho volúmenes
y ocho años de gestación. En primer lugar, cuando
Nebrija era un espermatozoide, Ausias March escribía:
“mancha bufant orgue fals” (VII, 1c, h. 1445); y,
poco después, el misógino Roig: “ab plecs
com mancha” (Espill, 1460). Sé que recordar que
Ausias y Roig usaban la ch puede causar flato a las tres gracias
de la AVL: Ascensión Figueres, Soletat González
y Verónica Cantó; pero es lo que hay.
Pascual: si diseccionaste la obra de Roig y la de March ¿por
qué ocultaste que, en idioma valenciano, aparecía
“mancha” en el Siglo de Oro? Siempre fue vivo el
vocablo, y no sólo como fuelle: “manches: follis”
(Esteve: Liber, 1489); “manches pera bufar al foc”
(Pou: Thesaurus, 1575); “mes vent la pancha que una mancha
de ferrer” (Mulet: Poesies a Maciana, h. 1643); “per
molt que bufe la mancha” (Valda: Fiestas Inmaculada, 1663);
“la mancha: el fuelle” (Rosanes: Voc. Valenciano,
1864); como topónimo: “ha agarrat tot el que havia
en la Mancha” (Bib. Nac. Zarz. D. Jorge Palacios, 1801);
como gentilicio: “creixc com l’oli manchego”
(Fuster: El nano de la falla, 1894), “mancha: fuelle”
(Fullana: Voc. valenciá, 1921); “mancha: fuelle”
(Dicc. GAV. 1983); “mancha: fuelle” (Dicc. RACV.
1997). Lo ves, no era tan difícil hallar la huella de
“mancha” en idioma valenciano; y no comprendo que
en ocho años de búsqueda sólo hallaras
manchas murcianas, aragonesas y catalanas. ¡Pascual, tu
método hipotético huele mal! Me parece que tu
sillón K de la RAE debiera duplicar la consonante.
Sospecho que faltaba un cómico en la RAE para hacer compañía
a Mingote; y en tu diccionario hay payasadas tan graciosas como
ésta: “Txorlit debe tener uso en amplias zonas
valencianas... la Fuente del Txorlit entre Onteniente y Vallada”
(II, 395). ¡Ay, Pascualet! De verdad que Onteniente no
es el Txindoki, ni los valencianos usamos txapela y, por su-puesto,
no es de nuestro idioma la morfología txorlit, aunque
te haga ilusión, como a los valencianos progres que llaman
Arantxa o Edurne a sus hijas. En idioma valenciano existe chorlit,
pero con ch; incuso fue título del “semanari El
Chorlit” (a.1841) ¡Ay, Pascual! mutas lo valenciano
en catalán; si, por ejemplo, el sustantivo taba aparece
por primera vez en la historia en un texto latino del valenciano
Luis Vives (tabae, h. 1530), afirmas que es voz catalana. Además,
mientes sobre los “muchachitos” valencianos; manipulas
la Historia, el protocolo y los títulos; alteras la morfología,
escondes documentación que conoces, etc. Si tú,
Pascualet, eres el experto de la RAE en “valenciano”,
y no tienes ni idea ¿qué pinta García de
la Concha erigiéndose en orgulloso juez de un idioma
que desconoce aún más que tú?
Como blandengue valenciano, en lugar de enfadarme, te regalo
esta acepción de taba, con el valor de conversación
larga: “ya pot contar que te taba pa dos hores”
(Ovara: Per tres pesetes, 1881). En catalán no existe
la voz taba, pero en idioma valenciano sí, incluso con
acepciones lúdico-semánticas que usábamos
los “muchachitos” valencianos que estudiábamos
en los Escolapios y, quizá, también el humanista
Luis Vives. Aixina que, Pasqualet, quan vingues al Reyne de
Valencia a fer de Yahvé catalaner, si vols jugarem a
la taba: tu fiques el cul; y yo, la fava. En catalán
no rimaría, ya que el valenciano taba equivale a “marraquinca
o marranxa”, voz que Inmersionmán Tarancón
propaga con su virus normalitzador salt hasta Murcia.