OPINIO

"Momento Lizondo o para qué las prisas"


Jaume de la Serra
 

El valencianismo cultural, pero sobre todo el valencianismo político precisa de algo más que un simple apellido "histórico-glorioso" para, en primera instancia continuar vivo y operativo, y lo que es más importante, acceder al poder político y "sanearlo" de los que mercadean e hipotecan el futuro de los valencianos entregándoselo en bandeja de plata a mesetarios o tramuntaneros.

Unió Valenciana (UV) fue partido referente del valencianismo, mas hoy día la percepción es bien distinta consecuencia de un pasado reciente repleto de "equívocos" que ha trufado de frustración y desconfianza las bases valencianistas. Sombra de su pasado, UV es una "marca" que vive de un rédito no exento de sospecha; demasiados "trapos sucios" y "desengaños" para tan exiguo partido y trayectoria. Por supuesto, ésta es una visión global del "producto" UV, sin ánimo de infravalorar los escasos valencianistas de buena fe que todavía existen en el seno del partido (armados más de buenos deseos que de posibilidades reales de actuación).

UV vuelve a cobrar cierto protagonismo (se prevée efímero, no más allá de mayo de 2007) gracias a la publicitación (limitada), que de éste partido hacen aquellos que pretenden abortar el crecimiento y despegue de Coalició Valenciana (CV), un partido joven que de un par de años acá está dinamizando e ilusionando el defenestrado y desencantado movimiento valencianista. De no existir CV (y la amenaza que representa su programa y dinámica valencianista para aquellos que se auto-proclaman "valencianistas" sin serlo), UV permanecería en el cajón del olvido y la invisibilidad, despojado de todo protagonismo en los medios de comunicación.

Es lógico que UV pretenda aprovechar estos vientos de bonanza, esta coyuntura efímera que zarandea su barco y engañosamente lo pone en marcha. En marcha si, ¿ pero hacia dónde y hasta cuándo ? ¿ hay "empuje" suficiente para llegar a buen puerto o acaso, ante tan parco "combustible" y menguado bajel el fin del trayecto no será otro más que un páramo oceánico sin tierra a la vista ?

Lizondo ha de meditar si su proyecto político personal favorece los intereses del valencianismo social y general del pueblo valenciano, si abre puertas de futuro o si, por contra, aborta la unión del valencianismo político y nos deja a todos "fuera" una vez más, a la intemperie, al trasiego variopinto de penurias y calamidades, eterno "via crucis" valencianista, sin capacidad política alguna para poner freno a las graves y continuadas agresiones de aquellos que nos quieren sojuzgar y destruir como pueblo.

Los políticos que desean alcanzar el éxito "con mayúsculas" - esa clase de éxito forjado en la dedicación al bien social y que por merecido reconocimiento se perpetúa en la memoria histórica colectiva de la sociedad - han de tener consciencia clara y precisa de "cuándo es su momento". Hay falsos "momentos", atractivos, rápidos, inmaduros, improductivos, de fuego de artificio y compadreo, de superflua y vacua gloria, efímera duración y rápido olvido que conducen estrepitosamente a la nada, al: "una y no más, Santo Tomás". Actuar fuera de "momento" es abocarse al fracaso más inmediato y aún más, cerrarle las puertas al éxito futuro.

Lizondo deberá enjuiciar si su "momento" ha llegado o si bien todavía ha de esperar algún tiempo para "madurar" y no perjudicar una necesaria unión política valencianista que la sociedad valenciana precisa con más urgencia que nunca.