OPINIO
 
El poder de los silencios


(En defensa de Juan García Sentandreu)
 
Fernando Millán
 
Si no hubiera visto ante mi la puerta cerrada del Salón de Grados de la Facultad de Derecho, si no hubiera podido contemplar asombrado el corretear errático de un decano histriónico, si no hubiera sentido el zarandeo de un musculoso ordenanza, si no hubiera sido testigo del despliegue policial que nos envolvía convirtiéndonos en presuntos malhechores, hubiera creído que se trataba de un sueño inexplicable o de una información tendenciosa imposible de ser creída.

Y, no obstante, era verdad. La Universidad Literaria de Valencia, el alma máter donde deben acunarse todas las libertades, el origen de todas las luchas contra las dictaduras del espíritu, el crisol donde se forjan las nuevas clases dirigentes, negaba al presidente de Coalición Valenciana, una formación política legalmente constituida, la voz y la palabra.

Y lo hacía, a mayor abundamiento, en la Facultad de Derecho. El centro académico que forma a los juristas, a los defensores de la ley, a los hombres y mujeres que tienen sobre sus hombros la hermosa tarea de defender los derechos humanos, el entramado jurídico que hace posible el triunfo de la democracia, del derecho a disentir, del respeto a las diferencias, de la protección de las minorías y, en último término, del cultivo de la individualidad.

Era éste, el de la Universidad, un silencio que multiplicaba otros silencios. El de las televisiones públicas y privadas, el de la televisión valenciana, instrumentos del monopolio informativo de los grandes partidos y manantiales de beneficios para los detentadores del gran capital.

Y el cierre de Valencia TeVe adquiere una dimensión especial. Nadie puede romper el círculo del silencio tendido sobre el valencianismo. Quien lo hace está condenado a su desaparición.

Y la gran trama de poder extendía sus tentáculos hasta los medios de comunicación. La prensa escrita controlada por multinacionales, vascas y catalanas, dispuesta siempre a servir los intereses del un catalanismo rampante y a ridiculizar las ilusiones valencianistas. A la radio, predio de los mismos señores...

Sumad a los silencios descritos, la Universidad, los medios de comunicación, el silencio, mil veces culpable, de una burguesía cobarde incapaz de entender el peligro de la catalanización. Sólo cuando vean sus negocios amenazados, cuando la Caixa se convierta en la primera fuerza financiera de nuestra Comunidad, cuando las grandes empresas catalanas hayan absorbido lo mejor de las producciones valencianas, cuando nuestras marcas aparezcan en el mercado etiquetadas como pertenecientes a las tierras de la gran katalonia, serán capaces de ver el alcance de su traición.

Y junto al silencio culpable de la burguesía valenciana, el silencio de los indiferentes, de los no comprometidos, de los que pasan por la vida creyendo que todos los grandes problemas les son ajenos, y que sólo importa el disfrute inmediato de los placeres que la vida aporta.

Esos son nuestros enemigos, los silencios. El cerco de poder levantado para intentar callarnos, ahogarnos. Pero es difícil callar a la verdad en movimiento, en expansión. Nunca, y la historia lo demuestra, han servido las cárceles para las ideas. Y mucho menos los intentos de represión. Hoy, nosotros, el valencianismo en su conjunto, que paradoja, somos los enemigos a batir por los poderes públicos. Hoy, nosotros, los defensores de la Valencianidad, somos la hiedra a estirpar.

No importa. El Cristianismo fue perseguido y triunfó. El Liberalismo fue perseguido y triunfó. En la misma senda el Valencianismo, sea cual sea el poder de sus enemigos, triunfará.

Y dejadme terminar lanzando mi verdad sobre vuestra mentira. Juan García Sentandreu sólo intentó, sin que el decano se lo permitiera, pedirnos que desalojáramos el vestíbulo. Juan García Sentandreu, en todo el tiempo que le conozco, sólo ha tenido palabras y actos en defensa de la Libertad, en defensa de la Democracia, en defensa de la Solidaridad, en defensa de la Valencianidad. Si no fuera así es evidente que mis convicciones de republicano, de liberal y de blasquista no me permitirían estar a su lado.

Nos invitáis a la lucha por la verdad, estaremos en ella.