OPINIO

12 AÑOS DE GOBIERNO ESTUPEFACIENTE EN LA COMUNIDAD VALENCIANA



Elena Muñoz
 


El Partido Popular ha ido sustituyendo la tarea de gobierno que los valencianos le encomendaron por la lenta y perseverante administración de estupefacientes con los que garantizar la pseudo euforia que predisponga a los ciudadanos a flipar en colores y así percibir la gestión del PP de una forma tan distorsionada como rentable para dicho partido, que considera al ciudadano, principalmente, desde su dimensión de votante.

Ahora viene el Papa, en Octubre empieza la Ópera, la Copa América está en marcha, el complejo de las Artes y las Ciencias sale en la tele en los anuncios de coches… Valencia mola y es de suponer que para el 2007, según el plan psicotrópico diseñado por el PP, los valencianos, pasmados, acudiremos a las urnas a votar a esa estupefaciente opción que ha llenado nuestras calles de inmigración ilegal incontrolada, que tiene la Sanidad quebrada con el menor número de camas por habitante, que no ha sabido reclamar, tampoco en el nuevo estatuto, más financiación ni más solidaridad interterritorial para traer agua a nuestras exiguas cuencas, con la que abastecer, por ejemplo, a los cientos de miles de veraneantes del resto de España que acuden a nuestras playas y consumen nuestro agua, colapsan nuestros hospitales y gozan de la solidaridad de la acogedora y generosa Comunidad Valenciana (ahora los ríos son de cada Comunidad, pero nuestras playas ¡y nuestros servicios! continúan siendo de todos).

Tras más de una década de gobierno en la Comunidad Valenciana y habiendo gobernado en Madrid (perdón, en España), el Partido Popular no ha puesto en marcha ninguno de los grandes y vitales proyectos para el desarrollo de esta Comunidad. Y no sólo para nuestro desarrollo, sino también para nuestra supervivencia. Seguiremos sin AVE, ¡25 años después de que llegara la alta velocidad a España! Aznar no hizo el Plan Hidrológico en 8 años, porque ninguno de nuestros políticos peperos se lo pidió. Zapatero tampoco lo hará, pero, al menos, no nos ha engañado. Sólo nos quiere hundir, pero sin engañarnos. Y ahora, el ambiguo PP (todo por el voto) se une con los socialistas en Castilla y en todas partes para negarnos el agua (excedente de los ríos españoles) que los politicos valencianos no han sabido garantizar.

La Copa América ha puesto a Valencia de cara al mar, pero tan desde la misma orilla, que ahora el PP gobierna de espaldas a la Valencia no marinera. Además de no haber sabido reclamar financiación nacional para el evento (gobernando Aznar), como sí hicieron los eficaces gobiernos catalán y andaluz (para las Olimpiadas de Barcelona y la Expo de Sevilla), el importantísimo desembolso que tenemos que hacer los valencianos dejará nuestras arcas municipales y autonómicas sin ni siquiera hilo para confeccionar nuevas telarañas.

Mientras, en la Valencia no marinera, que el PP desatiende, son constantes las quejas de los vecinos de Patraix contra la subestación eléctrica, o las ignoradas protestas de los vecinos de la Calle Almazora y adyacentes contra el “metro en superficie”, que ya están terminando de construir, desoyendo al más estricto sentido común, que desaconseja semejante barrera arquitectónica y el peligroso entramado viario que deberá coexistir con tranvía, vehículos y peatones. Pero no hay pasta, puesto que se la van a gastar en hacer un comedor privado en las Cortes que cuesta millones de euros para que los diputados no se mezclen con la chusma, esa que viajará en el metro chu-chú.

El PP valenciano sigue sin soterrar los contenedores de basura como medida de higiene y descongestión de mobiliario nauseabundo de nuestras calles, como ya hacen otras ciudades con muchas menos ínfulas que la Valencia de los contrastes que ha creado el PP. Por eso no se hacen las fotos en nuestras calles, salpicadas de los colores de la primavera: azúl para el cartón y papel, amarillo para el vidrio, blanco para el plástico y verde para las inmundicias orgánicas, aromáticas y bacterianas sin clasificar… y se hinchan a fotos en el Complejo Faraónico de las Artes y las Ciencias, decorado electoral con el que pretenden justificar doce años de gobierno estupefaciente y que aún no hemos empezado a pagar (acaso lo estamos pagando indirectamente con el anquilosamiento de nuestras infraestructuras y servicios, que no progresan conforme sugiere esta postal, espejismo de prosperidad).

Frente a la euforia estupefaciente, el abandono de Ciutat Vella, con edificios históricos apuntalados o en ruinas como eternamente se encuentra, por ejemplo, el Colegio del Arte Mayor de la Seda, del siglo XV, cuando nadie votaba.

Los valencianos asistimos estupefactos a numerosas muestras de pseudo valencianía del Partido Popular, como cuando vemos a la alcaldesa saltar en el balcón del Ayuntamiento en las mascletás, mientras paga los recibos municipales a través de La Caixa.

El idioma valenciano luchaba contra el anexionismo catalán en tiempos del PSOE de Lerma y Císcar, hasta que llegó el PP de Zaplana y Camps y Pons (y Giner) a terminar con el “conflicto lingüístico” rindiéndose y entregando lo que no es suyo, el idioma valenciano, que es legado histórico, patrimonio y seña de identidad de los valencianos, a través de la creación de la AVL que proclama que en Valencia, se habla y se tiene que hablar el catalán de Pompeu Fabra, aunque aquí le llamemos valenciano, bien porque nos gusta más este nombre, si es que lo hacemos por costumbre, o bien porque somos unos “secesionistas lingüísticos”, si es que conocemos nuestra Historia.

De hecho, el catalanista Partido Socialista del País Valenciano, en su primer año de gobierno de la Generalitat, cambió los libros de texto de valenciano por catalán. No sorprende, porque no ocultan su sumisión con el anexionismo catalán (desde sus siglas “PV”). Lo sorprendente es que el PP mantiene los mismos libros catalanistas en las escuelas valencianas ¡12 años después!

Y si todo eso no le parece suficiente, entonces hablaremos de pasta, que cuando sale el dinerito todos nos entendemos. Que sepa usted que está pagando la eterna campaña electoral del PP, que no gobierna sino para sí mismo, asumiendo como valenciano la deuda per cápita más elevada, con creces, de toda España. Si en lugar de gobernar, el PP fuera el responsable de la contabilidad de cualquier empresa, hace tiempo que su gestión hubiera llevado a la empresa a la quiebra. Esto no se ve en una postal de la Ciudad de las Ciencias, preciosa, nos encanta, patrimonio de todos, sino en el hecho de que donde ponen el ojo o el ladrillo, ponen la deuda. Así, cada una de las obras o eventos se ha saldado (perdón, se saldarán cuando terminen de pagarlas nuestros nietos) con costes que han duplicado o triplicado los presupuestos calculados inicialmente, y que, por supuesto, habrá que traducir en un histórico recorte de inversiones en desarrollo.

Hay quien prefiere pensar que son malos gestores y que no saben calcular los gastos, como hace cualquier familia para llegar a fin de mes, otros piensan que es derroche y todavía hay otros que piensan que el dinero pasa a...mejores vidas.

Yo, como practico el “No a las drogas”, me niego a ingerir mi ración de opio, mientras la identidad y los intereses de mi tierra están en manos equivocadas. Si opina como yo, si no ve colorines, si ha observado a lo largo de estos años que no nos defienden ni unos (PP) ni otros (PS¡PV!), nos encontraremos en Coalición Valenciana, el partido que defiende la identidad y los intereses de los valencianos. Compruébelo (www.coalición valenciana.com; www.el palleter.com).