No es la primera vez que me indigno al leer la página
de los lunes de Juan Oliver Chirivella, pero sí es la
primera vez que la indignación me lleva a escribir unas
líneas. No hay un solo político del Partido Popular
que pueda responder a un par de preguntas (no hacen falta más)
y convalidar sus postulados valencianistas (añado “de
escaparate). La respuesta a estas cuestiones, o la ausencia
de respuesta, desmontan ese hipotético valencianismo
y explica, a su vez, el calificativo “de escaparate”.
La primera: ¿Por qué no derogan la Academia Valenciana
de la Lengua, que el PP ha creado y mantiene, teniendo mayoría
absoluta y habiendo ésta proclamado y oficializado que
valenciano y catalán son la misma lengua (catalán)
y, por tanto, el idioma valenciano no existe, siendo “valenciano”
sólo un nombre (desaconsejado y acientífico, por
cierto), con el que se designa en la Comunidad Valenciana al
catalán? (Dictamen de la Academia Valenciana de la Lengua,
entidad que depende del presupuesto de la Consellería
de Presidencia de la Generalitat Valenciana, emitido el 9 de
febrero de 2004).
Y la otra: ¿Por qué después de doce años
de gobierno en la Comunidad Valenciana mantienen en las escuelas
los mismos libros infectados de catalanismo (no sólo
cultural, sino también ideológico e incluso político)
para impartir valenciano, transformado casi siempre en una asignatura
llamada “Llengua” (para no tener que decir qué
lengua es), y en los que generaciones y generaciones de valencianos
(como una servidora) hemos tenido que estudiar mentiras históricas,
filológicas y políticas que reducían nuestra
cultura a una pariente pobre de lo catalán, glorificado
con el Siglo de Oro de la literatura valenciana y teniendo que
admitir y proclamar (o suspender) la tremenda mentira de la
catalanidad de todos nuestros clásicos, además
de admitir la “vulgaridad” del valenciano y cambiar
el valenciano de siempre, el que se habla en la calle y en las
casas por el dialecto barceloní entronizado a la categoría
de idioma por Pompeu Fabra?
En su artículo del pasado lunes 3 de julio, Juan Oliver
arremetía con los valencianistas de verdad, los que conocemos
la respuesta a estas preguntas y no nos silencia el hecho de
estar cumpliendo un pacto (el que en su día cerró
Zaplana con Pujol para garantizar la gobernabilidad del PP de
Aznar con el apoyo de CIU) y nos aconsejaba que nos preocupáramos
por otros asuntos como son la inmigración ilegal, el
estado (ruinoso) de la Sanidad y la mejora de las infraestructuras
y servicios. No sé si nos aconsejaba ocuparnos de otros
asuntos para que miremos hacia otro lado y dejemos de denunciar
que no ha sido otro, sino el PP, el partido que ha oficializado
el catalán por primera vez en la Comunidad Valenciana
(creando la citada AVL e incluyéndola en el nuevo estatuto
como entidad normativa oficial) y que dejemos de molestar (ahora
se dice crispar), informando a la opinión pública,
para así poder seguir engañando a sus electores
(que sí son valencianistas).
O tal vez, nos aconsejaba a los valencianistas preocuparnos
por otros asuntos, para ver si así somos capaces de sacar
a la Comunidad Valenciana de la grave situación en que
se encuentra por la ineficacia, la falta de compromiso de nuestros
representantes políticos. Por eso citaba cuestiones como
la Sanidad (en quiebra), la inmigración (insostenible),
la vivienda (inaccesible), el AVE (inexistente), el Plan Hidrológico
o sus alternativas (que llueva, que llueva, la Virgen de la
Cueva)…sabedor de que en las próximas elecciones,
la opción valencianista que representa la fusión
de partidos que hoy conforman Coalición Valenciana, tendrá
las responsabilidades de gobierno que los ciudadanos nos van
a confiar, hartos de tantos años (y tantísimos
euros) invertidos en esperar respuesta a alguna de estas demandas.
Como el señor Oliver adjuntaba su currículum político
(a lo largo de dos terceras partes del artículo-vitae
del pasado lunes), me veo obligada a aclarar, sin complejos,
que no soy política de profesión. Y si escribo
estas líneas es porque siento la responsabilidad de no
contribuir con mi silencio a la propagación de la mentira.
Y para eso no necesito más currículum que el amor
a mi tierra.
No me gustaría que el tono patriótico del último
párrafo, hiciera olvidar al lector que he formulado dos
preguntas que nos hacemos los valencianos acerca del valencianismo
(de escaparate) que perpetra el PP y que ojalá algún
político (al uso) fuera tan amable de responder…con
tanta claridad como han sido expuestas…de una vez por
todas.