Aunque en la Constitución quede claramente reflejado
el derecho de todos los españoles a una vivienda digna,
parece que la clase política actual le ha cogido gusto
a eso de darle patadas y patadas a tan solemne escrito.
Para que se hagan una idea, una vivienda de obra nueva a las
afueras de Valencia, de 65m2 y dos habitaciones, tiene un precio
de 264.445 euros (44.000.000 millones de las antiguas pesetas).
La hipoteca media que tendría que pagar el feliz propietario
es de 1.300 euros mensuales, durante la friolera de 30 años.
Por el contrario el ingreso medio mensual de los hogares valencianos
es de 1.700 euros. En definitiva, con 400 euros una familia
tiene que comer, pagar agua, luz, teléfono, gas, ropa,
transporte, etc... A mi no me salen las cuentas ¿y a
ustedes?
Pero ¿que pasa con la vivienda protegida? Según
datos estadísticos del Ministerio de Vivienda, el número
de viviendas protegidas terminadas en Valencia en 1996 ascendía
a 7.439, mientras que el año pasado tan solo fueron 2.939,
sometidas al sorteo de “pito, pito, gorgorito”.
Un claro descenso que evidencia la nefasta gestión del
PP, absorto en la realización de obras faraónicas
e inauguraciones millonarias. Baños de gloria, que lejos
están de resolver los verdaderos y acuciantes problemas
de los valencianos, hartos de pagar cada vez más impuestos
y de ver como nos ganamos a pulso el título de ser los
ciudadanos más endeudados de toda España.
Yo les recordaría a nuestros famosos, ricos y guapos
políticos, entre canapé y canapé, que el
pueblo les eligió para servir y proteger sus intereses
y que de la misma manera sabrán escoger la mejor opción
en las próximas elecciones de mayo de 2007.