Siempre habíamos criticado ese valencianismo de escaparate
que el PP de Camps utilizaba en sus discursos, una defensa de
nuestras señas de identidad que se hacía exclusivamente
cada 9 d´Octubre sacando la Real Señera en procesión,
y luego, guardándola en un cajón hasta el próximo
año. Era ese mismo valencianismo mediático que
instrumentalizaba los mass media públicos valencianos
en beneficio de un vistoso discurso vacío de contenido.
Pero los últimos acontecimientos demuestran que algo
está cambiando en el gobierno valenciano y dentro del
PP. Los pocos resquicios de valencianismo que les quedaban,
provenientes en su mayoría de los antiguos traspasos
de políticos de UV, han desaparecido dentro de la maraña
popular y ante una casta de tercerviístas que desean
zanjar el conflicto lingüístico, aunque esto sea
a costa de una vergonzante cesión frente a las tesis
catalanistas.
Desde que se creara la catalanista Academia Valenciana de la
Lengua, el PP ha perdido los papeles en política cultural
y de defensa de nuestras señas de identidad.
La autorización de Rita Barberá para la construcción
del macro centro de promoción de los países catalanes
de El Siglo en pleno centro de la ciudad de Valencia o que la
Consellería de Educación sigua homologando libros
de texto catalanistas en los que se hablaba de unidad lingüística
y de países catalanes, son algunos de los éxitos
que el PP puede atribuirse tras doce años de gobierno
con mayoría absoluta en la Comunidad Valenciana.
A todos estos desmanes, debemos unir el último acuerdo
alcanzado entre el Ministerio de Industria, el gobierno valenciano
y el catalán, por el cual se legaliza la televisión
autonómica catalana TV3 en la Comunidad Valenciana a
través del acuerdo de reciprocidad de las emisiones.
Esta decisión supone una muestra indiscutible de debilidad
del gobierno Camps frente al catalanismo, un ejecutivo incapaz
de plantar cara a las movilizaciones y presión que ACPV
anunciaba frente al cierre de sus repetidores ilegales.
Nunca antes en los 25 años de autonomía valenciana,
ni tan siquiera en la época de Juan Lerma, se había
atacado con tanta virulencia contra los intereses de los valencianos.
Nunca antes un gobierno se había atrevido a actuar con
tanto desprecio contra la identidad y personalidad de este pueblo
y contra del idioma valenciano.
La legalización de las emisiones de la TV3 supone un
antes y un después en la política del PP valenciano.
Si hasta este momento hablábamos de valencianismo de
escaparate para referirse a la política del PP, ahora
debemos buscar otra definición para referirnos a este
partido político, ya que en caso contrario, podríamos
caer en el error de pensar que TV3 va a hacer valencianismo
en la Comunidad Valenciana.
Si alguien aprueba una academia catalanista, mantiene el catalán
en los colegios y administración, y ahora legaliza la
TV3, sólo lo podemos llamar de una forma, ¿adivinan
cuál?.