Hay días gloriosos para Valencia. Hoy ha sido uno de
ellos. A las doce del medio día, precedida del real saludo
de veintiuna salvas, ha descendido del balcón del Ayuntamiento,
con majestuosa altivez, sin inclinarse, la Real Senyera.
Los valencianos tenemos dos símbolos inequívocos
a los que rendir devoción y lealtad. Uno es la Cheperudeta:
nos cobijamos bajo el manto de nuestra Patrona y a través
de ella elevamos nuestras oraciones con la seguridad de que
tan querida mensajera hará escuchar ante Dios, antes
y mejor, nuestras peticiones.
El otro símbolo es la Senyera. La bandera que simboliza
la entidad territorial, y por ende, jurídica y política
del pueblo valenciano.
La devoción y lealtad a los símbolos puede practicarse
o no. Puede sentirse o no. Pero lo que no se consiente por parte
de los devotos y leales, es que éstos sean agredidos.
Y yo he visto hoy esa defensa del pueblo valenciano hacia el
símbolo de su unidad, de su identidad diferenciada. Lo
he visto en los gritos de ¡¡Traidores!! hacia algunos
de nuestros políticos; esos que no saben, o por conveniencia
han olvidado que el Reino de Valencia tiene un riquísimo
pasado histórico, y que al igual que nuestra Senyera
no se inclina ante nadie, jamás ellos debieron inclinar
la balanza de la custodia de la identidad de un pueblo, a favor
de los intereses políticos abyectos que permiten sigilosamente
que otra identidad que no es la nuestra, se adueñe poco
a poco de nuestras aulas, se instale en nuestros edificios más
emblemáticos, se apropie de nuestros escritores y nos
insulte con exposiciones de arte y volúmenes literarios
alusivos a su lengua y su cultura, suplantando a la nuestra.
Hoy me he sentido orgullosa de llevar una pancarta ante cuya
lectura valencianista ningún valenciano de verdad, ha
podido sustraerse a lo largo de todo el recorrido a ovacionar,
y adherirse a seguirla hasta conformar una procesión
tres veces más numerosa que todo el conjunto de autoridades
y asociaciones.
Hoy los valencianos han salido a rendir su tributo de lealtad
ante su símbolo de unidad diferenciadora, y han castigado
con abucheos a aquellos que no consideran merecedores de representarles.
Y es que hoy, los valencianos hemos dejado en casa las preocupaciones
materiales que nos hacen tomar partido en las urnas, por una
u otra opción política, y hemos dejado que hablara
emocionadamente, con devoción, la lealtad hacia quienes
somos.