OPINIO

 

Consideraciones acerca del biocombustible
 
Isabel Oliver

En Las postrimerías del pasado siglo XX el mundo asistió con asombro a la Revolución Digital con el boom de la informática, Internet y la telefonía móvil. Bienes de segunda necesidad, de consumo optativo, ya que su no utilización no es causa de la pérdida vital de la persona.

Pero resulta curioso observar cómo en los inicios del S.XXI una nueva revolución está llamando a las puertas del progreso: el Biocombustible. Y es tremendamente decepcionante contemplar una vez más, cómo los grandes adelantos, aquellos que podrían mejorar la calidad de vida de los más desfavorecidos, está destinado a engordar la cartera de beneficios de las grandes multinacionales.

Las pruebas realizadas al producto obtenido de los cereales demuestran sus excelencias como aliado en la lucha por la apremiante recuperación del impacto medioambiental. Las últimas pruebas obtenidas demuestran que el biocombustible evita la contaminación atmosférica en un 48 y un 79 % en emisiones de monóxido y dióxido de carbono respectivamente.

Este producto, llamado a medio plazo a destronar al petróleo, debería ser declarado Producto de Interés Vital para la protección del Medioambiente, y como tal, protegido por los gobiernos, para que en manos de la política de libre mercado no se convierta en un artículo de lujo de resultado incierto en cuanto a la determinación global de las economías domésticas.

Por el momento, el biocombustible está llegando a la mesa de los españoles en forma de leche, huevos, carne y pan, elementos básicos para el sustento vital.

La mayoría de los ciudadanos no entiende muy bien qué quieren decir esas tres letras mayúsculas por las que los entendidos miden la marcha de la economía de un país, y que actúa de marcador en el alza de los precios. Por incomprensible, el IPC parece sofisticado. Por sofisticado, parece respetable. Por respetable, parece aceptable como un mal irremediable que hay que sufrir.

Pero cuando al ciudadano se le dice que su economía se deprecia porque la materia prima más importante en la cadena alimenticia, está siendo empleada para mover motores, y que esos desplazamientos, utilice o no vehículo, lo está pagando él, la cosa cambia.

Apenas acaba de conocerse el nacimiento de esta nueva industria y ya suscita descontento. Tanto que Italia ya ha formulado protesta oficial mediante la huelga de la pasta; y si tenemos en cuenta que el mayor detonante de la Revolución Francesa fue la subida del pan, el tema da que pensar.

Antes de que las multinacionales petroleras dejen de ser imprescindibles, van a surgir muchos intentos de monopolizar a la gallina de los huevos de oro. Está por ver si los gobiernos tomaran partido por los derechos humanos, potenciando una política agraria que favorezca en los países subdesarrollados el cultivo de cereal, y así, saciar el hambre de emigración de muchos seres desesperados; o por el contrario, se limitaran a la conquista invasiva y expoliante.

Sea como sea, una cosa es segura: cuando este avance esté implantado mundialmente, guerras como la de Kuwait se harán innecesarias por inútiles. Claro que quizá ya estemos creando las premisas para un nuevo modelo de conflicto ecológico: la guerra del cereal.