El proceso de privatización de las cajas de ahorros
valencianos es, al parecer, irreversible. Disimulado con multitud
de acuerdos de los que dentro de poco no se acordará
nadie, estamos asistiendo a un vergonzoso y yo diría
que ilegal proceso de privatización del ahorro valenciano:
o lo que es lo mismo el reparto entre los poderosos de la propiedad
y de los beneficios anuales que genera el ahorro de miles y
miles de valencianitos.
La caja dice sin sonrojarse que no se privatiza porque sólo
saca a bolsa es 20 % de sí misma. De momento el 20 %.
La CAM, que en el 2006 obtuvo unos beneficios de más
de 55 mil millones de pesetas (333 millones de euros), procederá
de esta manera a poner en las manos privadas de los que acudan
a bolsa el 20 % de la empresa y el 20% de esos beneficios a
partir del 2007, o lo que hoy es la nada despreciable cifra
de 11 mil millones de pesetas.
La CAM es una gran y muy rentable empresa que, forzando sus
estatutos y principios sociales fundacionales, inicia un camino
de privatización de la mano del PP que controla, en régimen
de duopolio, mayoritariamente el banco con la ayuda del PSOE
que se sumerge, de esta manera, en la vorágine privatizadora
de la derecha, empezando a despedazar la pieza que tanto esfuerzo,
tiempo y trabajo nos ha costado a los valencianos con nuestros
ahorros, créditos e imposiciones.
La gestión del PP al frente de la caja ha sido, pese
a la espectacularidad de las cifras, desastrosa y manipuladora
en cuanto a lo que es o debería de haber sido su principal
objetivo que no es otro que el social. La caja, lejos de invertir
en los sectores sociales mas desfavorecidos: protección
de la tercera edad, discapacitados, marginalidad, viviendas
sociales, etc. Se dedicó mediante su obra “social”
a subvencionar a la “cultureta” y progresía
valenciana en sus dimensiones tan poco sociales como comprarles
cuadros y esculturas a los artistas de su moda y a invertir
en la literatura -de mas que dudosa calidad- de los también
escritores de la secta de la catalanidad. La CAM –y lo
que es mas sangrante, su obra social- como tantas otras no cumple
ni de lejos las cuotas legales y sociales y, por ende, obligatorias
de inserción de personas con discapacidad que desde hace
25 años exige la ley de integración de minusválido
en España.
La CAM, que tiene colocados y remunerados a sus dirigentes en
los pomposos consejos de administración de las grandes
empresas nacionales en las que participa, ahora da un nuevo
paso hacia la privatización y reparto del botín
social y saca a bolsa el 20% de su propiedad y como consecuencia
de ello el 20% de su beneficio, en su caso.
Así las cosas, la CAM y otras se han quedado sin dinero
y sin recursos para seguir el negocio, para seguir manteniendo
a la Generalitat Valenciana el incremento de su descomunal endeudamiento
publico de 20 mil millones de euros (Valencia tiene comprometido
su PIB en un 12 % mientras que el Pais Vasco lo tiene en el
1,4 % y Cataluña un 5%) y tienen que acudir a los dos
únicos sitios donde está: En el Banco de España
y en la calle.
Pero si grave es la decisión del PP que controla la caja,
grave es también la actitud del PSOE en general. Y digo
en general porque tan culpables son los señores del lado
oscuro de Ferraz que están impidiendo que nuestras cajas
acudan y puedan comprar dinero en el Banco de España
para tapar sus desaguisados y poder seguir dando créditos
a los valencianitos de a pie –y a la Generalidad-, como
grave es que nuestro desprestigiado PSPV participe sin disimulo
alguno en el principio del expolio antisocial que está
perpetrando la clase política valenciana.
Y es que al PSOE le queda nada de socialista porque se tira
a todas las piscinas y charcos liberales; nada de obrero porque
retoza a placer en todos los prostíbulos de la globalización;
y nada de español porque España se la trae al
fresco tras haber rediseñado una nación y un estado
asimétrico donde vamos a acabar a guantazos entre todas
las autonomías y territorios forales.
No me gusta, nada, que la Caja de Ahorros del gran e inagotable
Mediterráneo pesque ahora en los caladeros de lo privado,
y no porque esté en contra de lo privado, sino porque
las cajas son parte del entramado social del estado y de las
autonomías. Son un pilar importante para cimentar el
principio constitucional de la solidaridad. La solidaridad no
puede ser producto de iniciativas individuales como propone
el liberalismo económico. La solidaridad social ha de
ser un valor permanente de la organización social. Y
las cajas de ahorros, todas, han de estar a su servicio.