OPINIO
 
La democracia, en peligro, amenazada por la opacidad y la corrupción
 
 

Enrique de Diego/ Han apagado la luz y roto los taquígrafos. Se está consumando la ruptura de las normas democráticas mientras se negocia con la miseria y el paro de los españoles. Es hora de frenarlo.


La situación en España se ha dejado sentir en el aumento del desempleo. La transparencia no es ni más ni menos que un principio. Dice el Gobierno que qué beneficio obtendríamos de saber a qué bancos o cajas se destinan los dineros que nos han incautado. Argumento falaz. El beneficio es que no acaben con nuestra libertad y con la democracia, toda vez que ya han acabado con nuestros ahorros, salvo que nos neguemos a pagar facturas que no hemos firmado.

La transparencia no es algo opinable, sino un imperativo ético categórico, una condición sine qua non de la democracia: cuando no hay transparencia, simplemente, no hay democracia, no hay libertad, y entramos en el campo de la servidumbre y la tiranía.

Es indudable que esos bancos y cajas, más lo segundo que lo primero, a los que se van a comprar activos tóxicos, llevando al Estado al colapso y a los ciudadanos a la ruina, tendrían perjuicio si se supiera quienes de ellos precisan de más ayuda. Ocultarlo es, por de pronto, beneficiar a los más incompetentes e irresponsables, a los más manirrotos y a los más imprudentes. Es favorecer las malas conductas. Es, y no se trata de cuestión menor, poner bajo sospecha a todos, también a los responsables, y, a la postre, dañar a todos, generando un clima generalizado de sospecha, consecuencia lógica e inmediata de la opacidad.

La opacidad conduce de la mano a la corrupción, como las aguas estancas se pudren y emiten hedor. Y aquí, sin pudor ninguno, en este clima de casta parasitaria, el hedor ha empezado a aparecer a las primeras de cambio. El inefable Carlos Arenillas y el lobby de influencias Intermoney ya está sacando tajada del contribuyente con el rompecabezas de la fusión de las cajas castellanoleonesas; fusión en la que la clave es que, como en ´El gatopardo´, algo cambie para que todo siga igual; es decir, que ni uno solo de los consejeros pierda poltrona, bicoca y faltriquera.

El déficit público se va a disparar más allá del 20%, pero los amigos de Zapatero van a hacer buenos negocios con la miseria y el paro de los españoles.

Lo grave es que la perversión de la democracia se pretende llevar a líneas de no retorno, en los que el control resulte imposible e incluso sea diabolizado, como si fuera cuestión de curiosidad malsana, cuando no hay principio más original a la democracia que ligar la tributación con la representación y que cada euro del contribuyentes ha de ser archiexplicada su utilización.

Aquí se ha apagado la luz y se ha despedido a los taquígrafos. La democracia está en peligro.

Otrosí: Resulta gratificante la rapidez vertiginosa con la que se está extendiendo la conciencia social de la expoliación de las clases medias y la convicción de que esa es la esencia del sistema. También en menos de una semana desde la salida de mi libro Casta parasitaria ese término se ha hecho de uso común. Incluso se están sumando periodistas sin discurso, que han sido hasta ayer coartadas histéricas del sistema. Casta y parasitaria, ambos conceptos unidos. Casta parasitaria indica tres cosas: a) la clase política ya se está heredando por los hijos, proceso reaccionario, predemocrático, b) la clase política, para sobrevivir de manera vitalicia, se dedica a la expoliación, de forma que los escándalos de estos días no son errores personales, sino la lógica del sistema que es parasitar al contribuyente; b) del proceso de la expoliación, para transmitir la herencia a sus vástagos, se pasa al dominio sobre la sociedad y se entra en la terrible vía del totalitarismo, de ahí la memoria histórica, la imposición lingüística, el totalitario ministerio de igualdad y educación para la ciudadanía.

Ahora queda el subtítulo del libro: La transición como desastre nacional. Un debate ineludible pues de aquellos polvos vienen estos lodos, y de aquellos errores, estos desastres.

 

(Vía Minuto Digital)