OPINIO
 
Esquerra bate récords de despilfarro y expoliación parasitaria
 
 

Enrique de Diego/ En el sistema de casta parasitaria en que ha degenerado la clase política, basado en la expoliación de las clases medias, la casta parasitaria nacionalista es especialmente depredadora.

Es una casta que se concede a sí misma impunidad y ausencia de límites, al entender que es depositaria de la pureza de la identidad, que ha de ser impuesta al contribuyente. Este es llevado a la ruina al tiempo que se le denigra por tibio o resistente.

El despilfarro de la casta parasitaria que está empezando a indignar sobremanera a los expoliados miembros de las clases medias no es otra cosa que la desviación de un sistema basado en la expoliación; es la degeneración aristocrática de la casta, los vicios de quien se han acostumbrado al expolio. Pero el escándalo está en el expolio, el despilfarro va por añadidura.

Una casta o minicasta especialmente depredadora es Esquerra Republicana. No es la excepción, sino la regla, aunque, en su caso, llevada al extremo.

Tenemos el conocido caso del presidente del Parlamento catalán, Ernest Benach con su Audi 8 de 110.000 euros, tuneado. Benach es el milagro español perverso. Es funcionario de la Generalitat, barrendero. Sin estudios, sin haber creado un puesto de trabajo, sin más trayectoria que la partidaria, sin otros méritos que el insulto y la coacción a los adversarios, ha llegado a la presidencia de una institución parlamentaria. Dicho mucho de nuestra degradación social y de la muy intensa que padece Cataluña, lugar en el que las clases medias son depredadas de una manera especialmente intensiva, como sabe hacer el nacionalismo, máxime en pinza con el socialismo, dos ideas expoliadoras que llevan a la miseria a las sociedades.

Luego está Josep-Lluis Carod-Rovira, que es un auténtico campeón del despilfarro y la expoliación. Para la promoción del catalán repartió 625.800 euros para la Asociación Amics de la Bresola, que se mueve en el sur de Francia, con lo que exporta dinero de los contribuyentes catalanes a la vecina nación; 120.000 euros al Ayuntamiento de Perpiñán y 290.000 euros a la Federación Escola Valenciana, con lo que también fomenta la riqueza en la Comunidad Valenciana con el dinero de los catalanes, que, los muy primos, se lo permiten.

Carod-Rovira repartió, bueno no él, que es muy agarrado, y vive en una suite y come todos los días a dos carrillos con el dinero de los contribuyentes, que van yendo al paro y a la miseria, 2,5 millones de euros entre las comunidades catalanas en el extranjero, a los casales de medios mundo, con lo que exporta el dinero de los contribuyentes, que, los muy primos se lo permiten, al extranjero.

A la Asociación Fistball de Cataluña la ha premiado con dos subvenciones de 35.000 y 22.785 euros. Un deporte parecido al voleibol que sólo lo practican dos clubes de Barcelona y Cornellá. La Federación catalana de Bolos recibió 130.600 euros. La Federación catalana de Patinaje, 283.000 euros. La Federación de Gimnasia, 14.000 euros y la de Voleibol, 40.000 euros. La Asociación para el Reconocimiento Internacional de las Selecciones Deportivas Catalanas recibió 275.000 euros, a los que se suman otros 120.000 para la Federación de Organizaciones Catalanas Internacionalmente Reconocidas.

Súmense en el garito del parasitismo fiscal en que han devenido Esquerra y la Generalitat catalana los 2,5 millones de euros que cuestan las "embajadas", de las que se lucra el hermanísimo Apeles, embajador en París de la Francia, para entender que esto del nacionalismo se ha convertido en un espléndido negocio para las familias de Esquerra.

Las bromas de las pesadillas nacionalistas les salen por un ojo de la cara a las clases medias catalanas, depredadas por la casta parasitaria de Esquerra Republicana.

En este clima de expoliación y despilfarro, llega a ser comprensible que el consejero de Innovación, Josep Huguet, también de Esquerra, haya innovado más allá de la Ley –es decir, al límite o más allá del delito- el sueldo retroactivo. Huguet ha nombrado un asesor pero con sueldo desde 2006. Y no un sueldo bajo: 87.596 euros anuales.

Con el dinero de otros hacen fiesta los devotos... nacionalistas.

Ya sólo le falta a Esquerra poner una fábrica de chorizos, etiquetados en catalán.

 

(Vía Semanal Digital)