OPINIO
 

Vent de Garbi

 
La traición de Chiquillo
 

Baltasar Bueno / José María Chiquillo, ex presidente nacional de Unión Valenciana, traicionó el valencianismo y a su propio partido, del que era jefe supremo, y se fue al PP, cuando le pusieron delante, en bandeja, acomodo y arreglo, y el sueldazo de Senador, que, de momento, se sepa.

Con todo descaro quiso justificar su pase con todas las banderas al partido que tanto criticó y denostó alegando que desde el PP se podía hacer mejor valencianismo. Desde que está golpe de talonario en el PP se desconoce que haya hecho nada precisamente por la lengua y cultura valencianas, por el valencianismo.

Es más, asiste complacido y silente a las tropelías que en este campo comete el PP día a día y a los regalazos que hace dicho partido al catalanismo, sino que se lo pregunten a la editorial Bromera y a los catalanistas, que se llevan hasta las comisarías de las fiestas del año Jaume I, sino que se lo pregunten a Mira, que está requetecolocado en estas historias peperas.

Chiquillo, que comenzó su carrera política haciéndole las fotocopias a Lizondo en Unión Valenciana, aprovechó la escalera para subirse él, y una vez en el inmerecido altar que le pusieron sus colegas de partido, hizo el doble salto a las redes de la derecha, vendiéndose a la mejor postura de la partida de póker.

Si hubiera sido por evolución ideológica, el pase de partido a lo mejor hubiera tenido una débil e incomprensible justificación, pero pasarse por la billetera, por el oropel de un cargo para vivir, es indigno de solemnidad.

Y si realmente se hubiera pasado al PP para valencianizarlo, convertir a Camps y cuadrilla al valencianismo, pues tendría un cierto pase y a la larga una posible comprensión y aprobación, pasaría a la historia como un quintacolumnista que se la jugó por salvar el valencianismo, como en la guerra civil.

Pero todo apunta a que no andan las cosas por esos derroteros. El muchacho, el chiquillo, ha estampado su firma en el Senado, sin rechistar y haciéndose la foto para la posteridad, para que las emisoras de televisión catalanas puedan verse legalmente en la Comunidad Valenciana.

Chiquillo se pasó toda la vida, cuando vivía del valencianismo, criticando al PP porque dejaba que se viera TV3 en tierras valencianas, los ponía a parir, enardecía a sus electores con bravatas anticatalanistas y anti TV3, y ahora ha firmado y rubricado, a la luz de las noticias que nos llegan desde Madrid, para que no se le ponga cortapisas a las televisiones que ilegalmente llevan años catalanizando Valencia.

En la última campaña electoral que él hizo como candidato de UV a las elecciones, recuerdo que le tuve una hora entrevistándole en Canal 13 Radiotelevisión y yo, como los muchísimos telespectadores que vieron aquella entrevista, pudimos comprobar lo duro que estuvo el PP, como iba a muerte y a degüello a por ellos, porque eran –y son, claro- catalanistas.

De la noche a la mañana, repentinamente, cambió de pensar y de fila. Y es que no hay nada como un fajo de billetes para perder el valor que, como en la mili se le suponía, y la dignidad a este artista del transformismo político. Y no le cae la cara de vergüenza.

Lo de la Biblia: “Por sus obras los conoceréis”.