OPINIO
 

MOTOS
 

Manuel Latorre / Lo que está ocurriendo en la ciudad de Valencia con las motos, (incluyamos con este nombre a todo vehiculo motorizado de dos ruedas, desde las de gran cilindrada hasta los pequeños ciclomotores de 49c.c.), empieza a aproximarse peligrosamente a algo parecido a la paranoia recaudatoria.

Mientras en el resto de grandes ciudades del mundo se intenta incentivar el uso de estos vehículos, por razones tan obvias como son su menor consumo y contaminación, el escaso espacio que precisan tanto par aparcar como para circular en cascos urbanos, o su versatilidad a la hora de facilitar el paso a vehículos de emergencia (policía, ambulancias y bomberos). Aquí, donde precisamente y gracias al clima que disfrutamos casi todo el año, la moto debería ser el medio de transporte no público por excelencia. Nos dedicamos a perseguir indiscriminadamente a todo aquel que se atreva a subirse a una moto.

Y lo peor del caso es que las sucesivas campañas, tanto oficiales como de los medios de comunicación, han conseguido criminalizar a todo el colectivo motero. En Valencia, por el mero hecho de llevar un casco en la cabeza ya eres poco menos que un criminal en potencia. Y si osas coger la moto en Fallas pues ya ni te cuento. Esta bien que se controle, identifique y detenga a todo descerebrado que utilice su motocicleta para hacer el gamberro, sea antes, durante o después de la “mascletá”. Somos los primeros en aprobar que se persiga a todo motero que incumpla las normas del código de la circulación. ¿Pero porque el nivel de persecución y control tiene que realizarse en un porcentaje muy superior al de los demás vehículos?

Hoy en día coger una moto en Valencia es jugársela a no saber nunca si llegarás a tiempo. Porque el hecho de que te paren en uno de estos controles indiscriminados, son sólo y exclusivamente para motocicletas, no te garantiza en absoluto que en el próximo no te vuelvan a hacer desmontar medía moto para poder comprobar los mismos papeles, número de bastidor y etiqueta de la ITV que en el anterior. Teniendo en cuenta que no es infrecuente que a un motorista se le pueda parar más de una vez en el mismo día. ¿Sería muy descabellado pedir que el agente del primer control nos facilitase un papel que le sirviese a su compañero del próximo control para no hacernos desguazar en plena vía pública medía moto?

El último ejemplo de esta fiebre recaudatoria dirigida contra los motoristas, nos lo han dado los agentes de la Policía Local de Valencia apostados en las inmediaciones de la Plaza de Ayuntamiento durante las “mascletás”. Una vez finalizada su labor de impedir el acceso de vehículos a las inmediaciones de la plaza, se dedican a multar a las motos aparcadas encima de todas las aceras. No sólo de las aceras más estrechas, donde lógicamente no se debería aparcar, si no incluso en aceras tan enormes como la de la plaza de toros o la plaza de San Agustín. Ya que el número de plazas habilitadas en el centro para el estacionamiento de motos, es totalmente irrisorio. Lo es durante todo el año, pero especialmente en Fallas. ¿Cual es la solución de aparcamiento que propone el equipo del concejal Domínguez? ¿Realmente es necesario sancionar a las motos que durante el tiempo que dura la “mascletá” estén estacionadas en aceras suficientemente anchas como para no interrumpir el paso de peatones? Parece que la respuesta es obvia y una vez más lo que prima es el insaciable espíritu sancionador de la administración, sobre cualquier otra consideración.

Esperemos que al menos parte del dinero recaudado con estas multas se emplee en beneficio del propio colectivo motero, el más castigados, junto al de los ciclistas, por los accidentes de circulación. Por ejemplo estaría bien que se abordase de una vez la sustitución de los peligrosos y anticuados “quitamiedos” ( como cuchillos para trocear motoristas, los definió un conocido corredor de motos) que aún existen en los accesos a Valencia. Ya en el año 2000 las fatídicas estadísticas decían que 700 motoristas se fueron en uno de los más de 420.000 soportes que habían instalados en España. Si sacamos un sencillo cálculo y multiplicamos estos datos por el actual número de motoristas y por los cientos de nuevos kilómetros de autovías equipados con los mismos guardarrailes. Las cifras dan escalofríos.


MAUEL LATORRE
(Vicepresident de Coalicio Valenciana)