OPINIO
 
LA MUERTE COMO ESPECTÁCULO
 
 

Manuel Latorre / No es la primera vez que el tema de la eutanasia sale a la palestra con toda su fuerza y crudeza. Ni tampoco la televisada muerte asistida del ciudadano estadounidense Craig Evert, ha sido la primera en asomar a las pantallas. Aquí en España ya tuvimos ocasión de asistir a los preparativos del suicidio asistido de Ramón Sanpedro (posteriormente popularizado gracias a la película “Mar Adentro”). El pasado 11 de Noviembre la justicia inglesa autorizó por primera vez a una niña de 13 años, Hanna Jones, a negarse a recibir un trasplante, o lo que es lo mismo a morir en pocas semanas.

Todos estos ejemplos no son más que la punta de un iceberg que lleva ya un tiempo golpeando nuestras conciencias. Existen países que, como Suiza, ya lo resolvieron aprobando una ley que despenaliza la muerte asistida. De hecho el documental realizado sobre la eutanasia de Craig Evert fue rodado en el hospital suizo donde se le administro el mortal cóctel de fármacos que acabó con su vida. Algo así es hoy por hoy totalmente impensable en España. Lo más lejos que nuestra legislación ha llegado es la “Ley Básica de Autonomía del Paciente” (Ley 41/2002), que garantiza el derecho concreto del paciente a negarse a recibir u tratamiento aun cuando ello de lugar a la muerte.

Ahí precisamente radica una de las claves de este espinoso debate. Muchos ciudadanos podrían llegar a estar de acuerdo en “desenchufar” a un ser querido de una maquina que lo mantiene artificialmente vivo. Pero de ahí a ser nosotros mismos los que facilitemos y ayudemos a ingerir un veneno letal, creo que hay un largo camino por medio. Camino que la mayoría de la sociedad no estamos dispuestos a recorrer, bien por nuestra secular tradición cristiana o bien porque el instinto de conservación, y de esperanza, siempre es mayor que el de la pena que nos da ver a un ser querido postrado irremisiblemente.

Probablemente muchos pensaran que ellos si serian capaces, llegado el momento, de actuar como la novia de Sanpedro, los padres de Jonnes o la mujer de Evert. La realidad es que en estos temas siempre suele haber una gran diferencia entre la norma general y la casuística particular de cada uno. No es lo mismo ver un documental de la cadena británica Sky, que tener que suicidar personalmente a tu madre. Es en esos casos particulares, en la intimidad de la habitación de un hospital, donde moral, sentimientos y practicidad libran una batalla interior que tan solo en contados casos se va a inclinar del lado de la eutanasia activa.

Esto no quiere decir que estemos en contra de facilitar una muerte digna y con el menor sufrimiento posible. Esa es otra cuestión muy diferente de la eutanasia y que estaría mucho más cerca de una sedación terminal, a la que muy poca gente se opone. Pero la eutanasia activa es otra cosa. Para empezar primero deberíamos empezar por despenalizar el suicidio ( desistigmatizarlo o descriminalizarlo costara algo más), porque mientras matarse siga siendo un delito difícilmente la eutanasia podrá dejar de serlo. Y esto tampoco solucionaría totalmente el fondo de la cuestión. Porque. ¿Que pasa con las personas que ayudan a perpetrar un suicidio?. ¿No son cómplices de asesinato con la actual legislación en la mano?.

Manuel Latorre i Castillo
Vicepresident de Coalicio Valenciana

(Vía Revista SALUT I FORÇA)