OPINIO
 
Los “coñazos” de Ex – paña
 
 

Ernesto Ladrón de Guevara/ El problema de no creerse las cosas y de vivir en política como con las rebajas de enero es que tarde o temprano se te ven las debilidades ideológicas, las entelequias del espíritu, la superficialidad en los fundamentos. Pronto o tarde se te escapa un “lapsus lingüe” y la fastidias. Más antes que después te flaquea la autocensura y se te cuela lo que el subconsciente te dicta. Y ya es tarde. Te has retratado en tu verdadera dimensión, con tu penuria de ideales, con tu escasez de principios políticos. Eso es lo que a mi entender le ha pasado al líder de eso que llamamos centro-derecha que no es ni derecha ni centro ni todo lo contrario, que es lo que dicta la oportunidad del momento, el imperativo de las circunstancias; y que se adapta a lo políticamente correcto, no a lo correcto políticamente. Y eso es un drama para los que ni estamos en Pinto ni en Valdemoro, sino  que, simplemente, queremos lo mejor para España y los españoles.

Porque al Sr. Rajoy le parece el desfile de las Fuerzas Armadas y, por tanto lo que simbólicamente representa el día 12 de Octubre, es decir la Hispanidad, un “coñazo”. Es verdad que lo dijo en privado, y le cazaron, pero a un pretendiente a gobernar España -y no Expaña- no se le pueden escapar esas cosas, porque es igual que si se dice que España te la suda, o que los españoles son unos fachas indomables como afirman otros, puesto que con esta clase de ausencias de la autocensura lo que se deja  al descubierto es que ya te importa todo un bledo, salvo ocupar el poder para repartir los despojos, que es lo que ya hace, y bien por cierto, el Sr Zapatero.

Por eso no me gusta Rajoy, pues bien puede hacer un brindis al sol y cambiar el discurso  tras un misterioso viaje a Méjico, dejando a María San Gil desconsolada y descompuesta, bien puede sumarse al variopinto paisaje y paisanaje de la Expaña de la diversidad autonómica, discursos contradictorios y cantares disolventes inclusive, bien puede sentir y decir en el ámbito privado-público que te la sopla un desfile con la suprema representación institucional ahí presente.

Con lo cual, los que no somos ni de Pinto ni de Valdemoro apenas tenemos opciones para llegar a fin de mes y buscarnos de forma penosa y atribulada un buen arreglito para el futuro de nuestros hijos.

 

(Vía Minuto Digital)