El botellazo público recibido por Gallardón de
manos del líder popular no ha podido ser más sonado.
De esta forma ha culminado el linchamiento del alcalde que desde
hace semanas estaba alentado desde los micrófonos de
la Cope.
Gallardón tenía que caer. El sector ultra del
PP, liderado por Aznar y tres de sus mas destacados dirigentes,
Acebes, Zaplana y Esperanza Aguirre habían exigido su
defenestración so pena de crear un cisma en la ejecutiva
madrileña, pieza clave en el organigrama popular. Ante
esta disyuntiva Mariano no ha tenido otra que ceder.
Ha tirado por la borda el efecto del fichaje estrella, Manuel
Pizarro, pero se ha conseguido enrocar ante una más que
previsible derrota electoral. Gallardón podía
desde el Congreso, aspirar a suceder a Rajoy en caso de que
este fracase nuevamente el próximo 9 de marzo.
Ha sido una decisión en clave partidista y que sin duda
no deja en buen lugar al PP a menos de cincuenta días
de las elecciones pero que sin embargo permite amarrar la vara
de mando a la vieja guardia. Defenestrado Gallardón y
sus partidarios, Ana Botella gana posiciones para alzarse con
la alcaldía de la capital. A similitud de EEUU o Argentina,
la vieja primera dama en un puesto de absoluto privilegio.
En caso de derrota, Rajoy se asegura cuatro años mas
de liderato, los ultras eliminan un más que posible adversario
y a cambio “solo” se han arriesgado a perder un
electorado más moderado que les podría llevar
a Moncloa. Una mala jugada salvo que se haya hecho pensando
en la derrota.