OPINIO
 
¿JUSTICIA?
 
Manuel Latorre
President del Grup d'Accio Valencianista

 

Es un axioma reconocido por todos los juristas del mundo que cuando la justicia es excesivamente lenta corre el riesgo de dejar de ser justa. Creo que en esto estaremos todos de acuerdo, pero a continuación yo añadiría que el exceso de rapidez puede convertirla en igual de injusta. Y me atrevo a decir esto a colación de la ultima polémica desatada al rededor de la controvertida Ley de Violencia de Genero.

 

Si ya en el año 2004 cuando fue redactada, personajes tan poco “sospechosos” como el sociólogo Amando de Miguel, denunciaron públicamente el riesgo de que una ley que como esta se saltaba a la torera el principio constitucional de presunción de inocencia, corría el riesgo de acabar convirtiéndose en un arma arrojadiza en manos de mujeres sin escrúpulos que la podrían utilizar en beneficio propio ó simplemente en perjuicio de sus parejas.

Hoy, casi cuatro años después de su entrada en vigor ( 28 de Diciembre de 2004) la realidad a venido a darle la razón. Mientras el número de agresiones continua estable, o incluso aumenta, la cantidad de denuncias falsas y malintencionadas se ha convertido en un autentico quebradero de cabeza para una Administración de Justicia ya de por si demasiado saturada. Claro que tampoco se podía esperar otra cosa de una ley que deja impune a las denunciantes falsas, mientras castiga automáticamente y sin necesidad de pruebas al denunciado. Porque sepa usted que si al terminar de leer este articulo a su mujer se le ocurre denunciarle por una supuesta agresión, la maquinaria de la discriminación positiva se pondrá inmediatamente en marcha. A usted le detendrán, esposaran y retendrán en un calabozo, a veces hasta 24horas, sin necesidad de prueba alguna en su contra. Y si al día siguiente, como ocurre en la mayoría de los casos, es usted puesto en libertad sin cargos no espere ningún tipo de aclaración ni de disculpas.

¿Que pasaría si una ley reconociese el derecho de los comerciantes a denunciar a un cliente que entrase en su tienda, simplemente por ser sospechoso de pertenecer a una determinada etnia (gitano, rumano árabe, sudamericano, etc) y sin más pruebas ni indicios que el color de su piel se le pudiese detener preventivamente?. Pues que todos pondríamos el grito en el cielo y haríamos todo lo posible por que se derogase una ley xenofova, racista, anticonstitucional y todo lo que a usted se le pueda ocurrir. ¿Y, salvando las distancias, no es esto exactamente lo que se esta haciendo con los hombres amparados por la Ley de Violencia de Genero?.

Recientemente otro personaje nada “sospechoso”, Alfonso Guerra, decía que le parecía injusto e inconstitucional (algo sabrá él de esto ya que fue uno de los padres de la Constitución de 1977) que un hombre pudiese acabar esposado simplemente por la acusación de una mujer. Se le olvido decir que además de esposado en mitad de la vía publica, su foto podrá aparecer al día siguiente en primera pagina de cuantos medios de comunicación deseen apuntarse al linchamiento público, sin necesidad de taparle la cara ó añadir “presunto” a la noticia (cosas ambas que si se hacen con pederastras, violadores y asesinos confesos).

Sin entrar en las frías estadísticas y a simple vista parece claro que esta es una ley que ha creado más problemas que ha evitado (por desgracia día si y día no se siguen asesinando a mujeres en España), legitimando a sinvergüenzas, estafadoras y manipuladoras a utilizarla en su propio beneficio personal. Dótenla de una vez de contenido constitucional y de las mínimas garantías procesales ó derogenla de una vez y para siempre.