Baltasar
Bueno / A
Camps, la verdad, es que lo vengo notando muy raro últimamente,
más iluminado que nunca. Después de lo que ha
trascendido en el sentido que el Fiscal de la Audiencia Nacional
pide a Garzón que parte de la causa Gürtel que lleva
entre manos los remita al Tribunal Superior de Justicia de Valencia,
por aparecer en el fragor de los papeles judiciales el nombre
del presidente de la Generalidad, se me ha puesto hasta poeta.
En vez de hablar claro, se puso metafórico y leyó
un supuesto poema de Kent M. Keith, que más que poema
era una proclama franciscana, dicho con todos los respetos para
la venerable Orden religiosa y en la dirección que no
era en el foro utilizado el lugar para tan beatífica
salida.
Se nos presentó Camps como el cordero que iba a ser degollado
en el matadero, víctima del holocausto organizado por
el PSOE, Garzón y el cinegético de Bermejo. Aquello
más que a explicar lo que son cuatro más cuatro,
parecía un cónclave de beatificación, primer
paso para la canonización.
De la perorata poética, que parecía más
bien hecha por un psiquiatra que por un poeta, me llamó
la atención una línea, que no tiene desperdicio:
“Lo que tú construyes durante años, alguno
lo destruirá en una noche”.
Mira por dónde me acordé de Eduardo Zaplana, de
todo lo que hizo, y que en una sola noche los que le sucedieron
en el pupitre de mando de su partido se lo cargaron todo. Como
Judas, todos le negaron tres veces. Porque, recordemos, todos
los del PP eran antes zaplanistas perdidos, entre ellos Serafín
Castellanos y Rambla, que fueron encumbrados al poder por Eduardo,
el que nos vendió al mejor postor la Lengua Valenciana.
Una pena que ese poema no lo hubiera trincado en su día
Zaplana y se lo hubiera leído a todos los que ayer estaban
de funeral, acompañándole por las calles y aplaudiéndole
como descosidos a Camps.
El que más ponía cara de compungido es Serafín
Castellano, a quien la ventolera le ha sacado unas cuantas cosas
de su pedernal y que no se en qué acabará el huracán.
Debió sentirse muy afectado, no obstante, por la hondura,
la profundidad, del poemita de Keith, más bien propio
de un retiro espiritual, ése que no hacen nunca para
darse cuenta que ellos más que detentadores y ostentadores
de poder deben ser humildes y honestos servidores públicos.
Esperemos que por vergüenza torera no promuevan la beatificación
de Camps, ni de ninguno de sus edecanes, porque hasta ahora
no han hecho precisamente méritos ni milagros, sino todo
lo contrario.
Al tiempo, que ya verán como estos acostumbrados a las
fiestorras pronto se inventarán un sentido homenaje a
Camps y sección de gastadores, y lo convocarán
a través de sus paniaguados medios, que tan a rebato
suelen tocar cuando Rambla pulsa el botón de las marionetas.