OPINIO
 

Vent de Garbi

 
Camps y la Madre Teresa de Calcuta
 

Baltasar Bueno / Como no citó Camps, tal por ignorancia, vergüenza torera o descarado plagio, el autor de los versos que leyó en su autoproclamación de inocencia, que la Constitución reconoce a todo ciudadano hasta que se le sentencia en contrario, los versos que leyó con lo ojos vidriosos, sus afines se lo imputaron, y así lo filtraron parece, a un autor norteamericano Keith, una especie de psicólogo o psiquiatra. Dedicado al oficio de ayudar a derrotados y fracasados, a quebrados, previo pago, claro.

Ya les decía yo aquí que aquello, el supuesto poema de Keith, no era tal, sino más bien olía a oración franciscana. Dicho y hecho, me molesté en meter el texto de los versos leídos por Camps en el acto de autocomplacencia que se montó el día que El País aventaba a toda la nación la historia de los 30.000 euros en trajes, y Google me dijo que aquello era una oración compuesta por la Madre Teresa de Calcuta, de Santa Teresa de Calcuta.

Qué tendrá que ver la que fuera venerable, caritativa y honradísima Teresa de Calcuta, fundadora de las Religiosas de la Caridad, con los carnavales que se vienen montando los del PP de aquí y de allá, que tanto trabajo le están dando a Garzón.

Imagino que para levantarle la moral a Camps, sin duda alguna tocado por lo que se ha ventilado su nombre últimamente en los medios de comunicación a la salud, de momento, de los trajes y la red de presuntas facturas falsas, no les extrañe que hubieran sido sus beatitudes Juan Cotino o Ana Michavila, quienes le pusieron sobre el tapete de su mesa presidencial dicha oración mañanera en el día de autos, a modo de gesto caritativo y maternal.

Como el presi no citó el autor, y sólo salió al aire alguna inculta filtración, al final ha resultado que ni era un poema de Keith, de Bertold Brecht (el de Tebas, la ciudad de las siete puertas, quien la construyó), sino una oración, al decir de Google, de Santa Teresa de Calcuta, cuyo venerable texto impúdicamente politizado en una justificatio non petita, dice así:

“A menudo los demás son irrazonables, ilógicos y egoístas; Perdónales de todos modos. Si eres bondadoso, quizá los demás te acusen de tener motivos egoístas; Sé bondadoso de todos modos. Si tienes éxito, te ganarás algunos falsos amigos y algunos verdaderos enemigos; Ten éxito de todos modos. Si eres honrado y franco, los demás puede que te engañen; Sé honrado y franco de todos modos. Lo que tardas años en construir, alguien lo puede destruir de la noche a la mañana; Construye de todos modos. Si hallas la serenidad y la felicidad, puede que los demás sientan celos; Sé feliz de todos modos. El bien que haces hoy, a menudo los demás lo olvidarán mañana; Haz el bien de todos modos. Da al mundo lo mejor que tienes, y quizá nunca será suficiente; Da al mundo lo mejor que tienes de todos modos. Al final; todo es entre tú y Dios; Nunca ha sido entre tú y ellos... de todos modos.”

Lo que les decía, cualquier día Camps se levantará a las seis de la mañana, tocará a rebato la campana María del Micalet, la grossa, y se autocanonizará él sólo en la Plaza de la Virgen.