Baltasar
Bueno / La víspera de la inauguración
del periódico, un amigo me envió un precioso poema
titulado “Viaje a Itaca”. El sabía bien dónde
me metía y que el camino no era de rosas, sino áspero,
aunque bonito por arriesgado.
Lo he tenido siempre, de recordatorio, en el escritorio del
ordenador. Lo he leído varias veces en estos dos años
de andadura de Valéncia hui, especialmente en los momentos
más complejos.
Para mí ha sido éste el artículo más
difícil de pergeñar en estos dos años.
He comenzado varios y todos los he borrado. Es difícil
decir adiós, cuando no se quiere decirlo.
Había pensado en volverles a contar que contra este periódico
han ido a muerte Camps, Rambla y Costa desde antes de nacer.
Les molestamos a su política de catalanismo que no cesa,
esto días encargando conferencias sobre Jaime I a los
más catalanistas de la tierra.
He decidido volver a las fuentes, a los orígenes, y releer
el poema dedicado a las dificultades y esperanza. Hoy, en la
despedida, en el adiós, quisiera leer conjuntamente con
ustedes estos versos.
“Cuando emprendas tu viaje hacia Ítaca/ debes
rogar que el viaje sea largo, / lleno de peripecias, lleno de
experiencias. / No has de temer ni a los lestrigones, ni a los
cíclopes, / ni la cólera del airado Poseidón./
Nunca tales monstruos hallarás en tu ruta,/ tu pensamiento
es elevado,/ si una exquisita emoción penetra en tu alma
y en tu cuerpo. / Los lestrigones y los cíclopes/ y el
feroz Poseidón no podrán encontrarte, / si tú
no los llevas ya dentro, en tu alma, / si tu alma no los conjura
ante ti./
Debes rogar que el viaje sea largo, / que sean muchos los días
de verano, /
que te vean arribar con gozo, alegremente, / a puertos que tú
antes ignorabas./
Que puedas detenerte en los mercados de Fenicia,/ y comprar
unas bellas mercancías: / madreperlas, coral, ébano,
y ámbar, / perfumes placenteros de mil clases./
Acude a muchas ciudades del Egipto/ para aprender, y aprender
de quienes saben./
Conserva siempre en tu alma la idea de Ítaca: / llegar
allí, he aquí tu destino./
Mas no hagas con prisas tu camino, / mejor será que dure
muchos años, / y que llegues, ya viejo, a la pequeña
isla, / rico de cuanto habrás ganado en el camino. /
No has de esperar que Ítaca te enriquezca: / Ítaca
te ha concedido ya un hermoso viaje. / Sin ella, jamás
habrías partido; / mas no tiene otra cosa que ofrecerte./
Y si la encuentras pobre, Ítaca no te ha engañado.
/ Y siendo ya tan viejo, con tanta experiencia, / sin duda sabrás
ya qué significan las Ítacas.”
Don Juan, don Héctor, -alguien tenía que hacerlo,
dar la cara, en esta pasota Valencia que deja impunemente que
se catalanice su Patria- gracias por todo lo que han hecho en
dos años por Valencia, por mantener viva la llama de
la valencianía, que de manera tan bochornosa y vergonzante
contribuyeron desesperadamente a apagar Camps, Rambla y Costa.
Don Juan, don Héctor, no esperen que Itaca les enriquezca,
Itaca ya les ha concedido un hermoso viaje. Ahora, sin duda,
saben ya lo que significan las Itacas.