Baltasar
Bueno / Tiene
su parte de razón Zaplana cuando se autovanagloria diciendo
que bajo su mandato la Comunidad Valenciana alcanzó su
época de esplendor y Floria más importante de
la historia contemporánea.
Cierto que bajo su mandato, al hacernos la Ciudad de las Artes
y las Ciencias, que no la pagaremos nunca mire usted lo que
ha costado, esta bendita ciudad dejó de ser la pordiosera
del puede visitarme en tres horas, cartelito que los socialistas
colgaron en el semáforo de Europa.
Camps no puede decir lo mismo, sino todo lo contrario. Bajo
su mandato el paro en la Comunidad Valenciana ha entrado en
el libro record de los Guinnes. Sólo en el año
2008, dicen las encuestas oficiales, el paro ha subido un 70,9
por ciento.
Estos datos se los doy yo, por la ruinosa y desmadrada Canal
9 no se lo contara ni en sueños, como tampoco alardeara
de ello el impresentable conseller de presidencia, Vicente Rambla,
a quien dentro del PP le llaman l´hereu, porque se cree
que va a suceder a Camps en el trono.
Los dos, niñitos de Cánovas, juegan grandes fastos
y ocurrencias, no saben hacer otra cosa. Los sacas del tenis
y del padel y hacen agua por todos los lados. Son incapaces
de bajar a la cruda y dura realidad.
Ellos van de reyes y príncipes herederos, se creen alguien
porque tienen inmensos despachos. El día que haga puertas
abiertas Rambla, vayan a verle el despacho. Allí cabe
un regimiento de caballería entero, mostrencos incluidos,
tales son las ínfulas de poder que tienen ambos.
El drama de Camps, su gran tragedia, es que ya no puede hablar
de competiciones deportivas, ni de películas, de fantasmagóricos
proyectos, puro humo barato de paja mojada. De nada le sirve
montar circos, carísimos por cierto, si no lleva pan
a las legiones de parados que tiene en su territorio, por los
que hace casi nada, porque los proyectos que ha vendido son
los mismos que los de todos los años, pura apariencia.
Camps no tiene nada que ofrecer. No va sacar del paro a los
valencianos. No sirve para eso. Su mandato va a ser un cementerio,
un panteón de muertos, de hambrientos, de parados, un
almacén de subvencionados a extinguir.
Además, Camps, con Zaplana, los dos al unísono,
unánimemente, nos vendieron vivos al catalanismo el día
que, cumpliendo las tajantes órdenes de Jordi Pujol,
arrodillados ante él, montaron la catalanista Academia
Valenciana de la Lengua.
En materia cultural, los dos no tienen perdón, máxime
cuando Camps siempre se pavonea que el conflicto de la Lengua
Valenciana ya está resuelto con la AVL. No se corta un
duro, ni le da vergüenza en decir tal atrocidad.
Zaplana ha aprovechado su última y furtiva presencia
en Valencia para decir que bajo su mandato, la Comunidad Valenciana
vivió una época de esplendor económico.
Cierto. Lo ha dicho para darle una patada en el trasero a Camps
que nos ha traído en este campo paro y solo paro, mucho
paro.
Está bien dicho, es rigurosamente exacto, por muy responsable
sea también de la estocada de muerte que le dio, con
la inestimable ayuda de Camps, a la Lengua Valenciana.
Los que hicieron los dos estuvo muy mal hecho, pero, al menos,
el primero, Zaplana, contribuyó a la prosperidad económica
de la Comunidad Valenciana, la que ha sido incapaz de mantener
su delfín y sucesor Francisco Camps. Pero de esa sucesión
y de cómo, con qué artes, lo logró Camps,
ya le hablaré otro día.