Baltasar
Bueno / La
reciente muerte del canónigo jubilado, Ramón Arnau
García, miembro de la Academia Valenciana de la Lengua
por la cuota del PP, quien ingresó en ella después
del paripé de pasar como supuesto miembro de su antagonista
la Real Academia de Cultura Valenciana, ha dejado una nueva
vacante en la AVL, que se ha de cubrir por el partido del que
Francisco Camps asegura, con un morro que se lo pisa, es el
que realmente defiende el valencianismo en la Comunidad Valenciana.
Los hechos, como siempre, desmienten, minuto a minuto al presidente,
pues aquí todo lo cultural, desde el teatro hasta la
edición de libros, el control de las escuelas y universidades
y hasta la propia televisión autonómica está
en manos de catalanistas.
Ya verán cómo quien vaya a llenar el hueco vacante
y llevarse la pasta sobrante va a ser catalanista, porque el
PP de Camps sólo tienes enamorados ojos para los catalanistas.
El hombre vive arrodillado ante el catalanismo, que es quien
dice aquí cómo se debe hablar y escribir la preciosa
lengua autóctona en la que ya escribiera en el siglo
XV Sor Isabel de Villena su Vita Christi en el convento de la
Trinidad.
Lo de Canal 9 ya es un escándalo. Tanto que Moncho Borrajo,
gallego, en su espectáculo de despedida de actor y cómico
en Valencia, con una socarronería increíble, iba
traduciendo del castellano al valenciano algunas frases y palabras
que decía “ppor si hay alguien de Canal 9 en la
sala y no sabe valenciano”
El último candidato a la AVL que presentó el PP
de Camps fue el periodista Ricardo Bellveser, quien de ninguna
manera reúne los requisitos que exige la Ley de creación
de la funesta AVL, como pueden observar y sufrir todas las semanas
en un programa “cultural” en Punt 2, -nombre que
también le colaron los catalanistas, gemelo de una publicación
catalana- segundo canal autonómico del PP. En dicho espacio
pueden contemplar día a día cómo Bellveser
destroza la Lengua Valenciana, la que ni sabe hablar, ni escribir.
Para percatarse de ello no es menester ser filólogo,
sino simplemente ser uno valenciano-hablante normal y corriente.
A Bellveser, el presidente de la Diputación, Alfonso
Rus, que se las da de valencianista, le sigue manteniendo como
director de la institución Alfonso el Magnánimo,
a pesar de sus veleidades culturales filocatalanistas, que le
llevó a hechos curiosos como que se premiara bajo su
mandato, en un mismo año a trabajos “en valenciano”
de tres autores: uno catalán, otro balear y otro de Valencia,
pero éste último de la familia catalanista, probablemente
por aquello de que estuvieran bien debidamente representados
los países catalanes.
Todos los académicos que envió el PP a supuestamente
representar a la genuina Lengua Valenciana nos han salido ranas.
Y uno que parece que aguanta, cuando las cosas se tuercen y
se le ponen mal en las reuniones, activa su próstata
y se va a mear, pasando de los problemas.