OPINIO
 

El nacionalismo catalán contra la democracia

 
 

José Manuel Bou/ El reciente espectáculo dado por la prensa catalana, coincidiendo en un editorial chulesco y barriobajero, concebido con la única y lamentable intención de amedrentar al Tribunal Constitucional, provoca, a estas alturas, más tristeza que indignación. Es cierto que los periódicos catalanes llevan coincidiendo en su editorial, sino letra por letra, si en cuanto al mensaje, desde hace tiempo, tal y como han señalado representantes de Ciutadans (los del PP piensan lo mismo, pero no lo dicen, siguiendo la descafeinada táctica de Rajoy, de estar en el mundo para que haya de todo). No obstante que se hayan atrevido a proferir este insulto a la democracia, que es negar de modo tan palmario la pluralidad informativa en Cataluña, denota tanto fanatismo como confianza en la impunidad de sus bravuconadas.
En cualquier democracia occidental, los creadores de una norma sospechosa de inconstitucionalidad, ante la perspectiva de una decisión del órgano competente desfavorable a sus intereses, sentirían vergüenza y harían lo posible por excusar su traspié de mil maneras. En Cataluña amenazan con movilizaciones y cierran filas en un gesto más propio del Irán de los Ayatolaes o de la Cuba de Castro que de un estado de Derecho.
Porque, no nos engañemos, el “Estatut” catalán es inconstitucional por los cuatro costados. No hace falta ser Magistrado, cualquier estudiante de primero de Derecho lo sabe. La Constitución califica de “nacionalidades o regiones” a las Comunidades Autónomas, reservando el termino de nación a España. Ningún Estatuto de Autonomía puede, bajo pena de inconstitucionalidad, afirmar como Nación a su comunidad. Ni el catalán, ni ninguno.
Los efectos de esta orgía separatista en que ha caído el nacionalismo catalán, incluyendo al PSOE y, probablemente pronto, por su silencio culpable, también al PP, no son solo menoscabar la unidad de España, sino también la democracia, como demuestran los hechos recientes.
Cuando un catalán se quede en paro (cosa que desgraciadamente ocurrirá mucho en estos días) que tenga claro que la máxima prioridad de sus políticos no es encontrarle trabajo, sino defender una norma contraria a la constitución, a la convivencia y al sentido común. En las próximas elecciones que piense en esto a la hora de emitir su voto.