OPINIO
 

El Himno de Persia

 
 

José Manuel Bou/ Cuentan que cuando se produjo la revolución religiosa que convirtió Persia en Irán la cúpula del ejército era enteramente leal al Sha por lo que fue encarcelada o ejecutada. Cuando el Irak de Sadam Husein, entonces apoyado por Estados Unidos, atacó Irán sus gobernantes se dieron cuenta de un problema a la hora de planificar la defensa: no quedaba ningún piloto en su puesto, estaban todos en la cárcel. Un buen día, mientras los iraníes escuchaban la radio en busca de noticias sobre la guerra comenzaron a sonar las notas de una vieja canción que creían olvidada. Era el himno de la antigua Persia, prohibido desde la revolución, hacia más de un año y sustituido por un himno islámico. Por lo visto los pilotos habían aceptado salir de la cárcel a defender un país que ya no era el suyo, embrutecido por un régimen de fanatismo religioso que les había condenado a una vida sin libertad, tan solo a cambio de oír el himno de Persia una vez más. Habían aceptado lanzarse a una acción kamikaze, como era el bombardeo de Bagdad, de la que tenían muy pocas posibilidades de salir vivos (más de la mitad nunca volvió) no a cambio de dinero, ni de promesas de libertad, ni de privilegios para sus familias, sino de que el himno de su antigua patria sonase una última vez, para honrar su sacrificio.

Cuentan que cuando los iraníes escucharon el himno les vinieron lágrimas a los ojos, no solo a los partidarios del Sha, sino también a aquellos que habían apoyado la revolución. Y no porque fueran especialmente patriotas, o porque les emocionase particularmente la música militar, sino porque aquellas notas contenían el recuerdo de una época mejor perdida, en la que no obligaban a las mujeres a usar velo para salir a la calle, ni perseguían a todo aquel que se atreviese a pensar por si mismo. Los comunistas se habían manifestado contra el Sha, habían ayudado a los ayatolaes a conquistar el poder y luego habían sufrido la represión que los estaba diezmando, más intensa en esos momentos, aprovechando la guerra. También ellos, enemigos tradicionales de lo que significaba ese himno, se emocionaron.

Cuando el himno español suene el próximo miércoles en las semifinales del mundial y más aun el domingo en la final, muchos españoles se emocionaran, no solo los futboleros. Y no porque sean especialmente patriotas, o porque les emocione particularmente la música militar, sino porque esas notas contienen el recuerdo de una época mejor perdida, en la que no había crisis ni “estatuts”, ni se hablaba de selecciones autonómicas que sustituyan a la nacional. Una época en la que mirábamos al futuro con más esperanza y menos miedo.

En Irán una izquierda estúpida había entregado el poder a los ayatolaes religiosos. En España una izquierda estúpida ha entregado el poder a los ayatolaes del nacionalismo. No pretendo llevar más allá la comparación, sería incorrecto y de mal gusto. Aquí no esta prohibido el himno nacional, aunque lo piten cuatro mal nacidos, ni es una guerra sino un acontecimiento deportivo la ocasión para escucharlo. Nosotros además aun podemos traer de vuelta los buenos tiempos, pues tenemos unas armas que los persas no tenían: tenemos nuestra libertad de pensamiento, nuestra libertad de expresión y nuestro derecho al voto. Con esas armas podemos cambiar las cosas, para que la final del mundial no sea la última vez que escuchemos nuestro himno, y para que veamos el fútbol por diversión y no porque necesitemos olvidar ninguna crisis.