OPINIO
 

Políticos y funcionarios

 
 

José Manuel Bou/ L La estrategia de la clase política de dividir a la sociedad para que esta no repare en que ellos son los verdaderos responsables de la dramática situación que se vive en nuestro país ha vivido un nuevo episodio con la noticia de que los funcionarios han visto incrementadas sus retribuciones a lo largo de los últimos años en más de un 5%, cuando la media europea ronda el 3%. La Vicepresidenta del gobierno ha llegado ha calificar esta situación de indecente en un alarde de cinismo teniendo en cuenta lo que cobra ella.

Si observamos la situación del funcionariado español nos llevaremos alguna sorpresa. La principal ventaja de la condición de funcionario solía ser la estabilidad en el empleo, pero esto solo se predica de los funcionarios de carrera. Con la moda de los concursos-oposición en lugar de oposiciones libres para acceder a la función pública se ha multiplicado el número de interinos en nuestras administraciones de modo que ahora aprobar una oposición no basta para ser funcionario, hace falta también tener puntos que solo se ganan siendo interino, de modo que ahora uno supera un dificilísimo proceso selectivo no para tener plaza, sino para entrar en una bolsa de la que le llamaran, o no, según las necesidades de personal que tenga la Administración y el número de enchufados que tenga por delante. Cuando finalmente le llamen estará como interino y su empleo será tan inestable como el de la empresa privada, pudiendo irse a la calle de la noche a la mañana, como les ha ocurrido a muchos con el cambio de año. Pedirles a estos funcionarios sacrificios en virtud de la estabilidad del puesto que ocupan, parece una broma de mal gusto.

En lo que se refiere a sus retribuciones la situación es bastante desigual. Mientras que en la Administración General del Estado y en la de la mayoría de las Comunidades Autónomas los sueldos son bastante bajos, en algunas entidades locales suelen dispararse por el clientelismo político de sus responsables que pretenden comprar así el voto de sus funcionarios. De este modo un auxiliar del estado puede cobrar unos 900€ al mes según el puesto que ocupe. Uno de un Ayuntamiento que pague bien, si ocupa un buen puesto y tiene trienios, puede llegar a percibir más de 2000€ al mes. Evidentemente la congelación salarial no afectara a todos por igual. Además este año la subida ha sido ridícula (menos de un 1%) y como las retenciones fiscales han aumentado, la mayoría de los funcionarios cobra menos en limpio este año que el pasado (en algunos casos hasta 150€ menos al mes).

Mientras tanto el sueldo de un diputado alcanza casi los 4000€ pudiendo llegar a 6500€ con dietas y otras prebendas, además con una sola legislatura puede disfrutar de una pensión mayúscula, sin contar con los coches oficiales, los miles de asesores puestos a dedo, etc. En ese contexto creo que a todos nos gustaría decirle a la Vicepresidenta lo que es “indecente”.

Existen funcionarios competentes e incompetentes, trabajadores y vagos pero por norma general son mucho más competentes y trabajadores que los políticos que los dirigen.

Primero fueron los controladores aéreos, ahora todos los funcionarios. Mañana veremos que se inventan. Intentan poner a trabajadores contra empresarios, al sector privado contra los funcionarios, a los pasajeros contra los controladores, a los contribuyentes contra los perceptores de subsidios, a los españoles contra los extranjeros y, finalmente, a los de unas regiones de España contra otras. Pero los culpables siempre son ellos. Esto no quiere decir que no debamos luchar contra los abusos, los privilegios injustificados, la inmigración ilegal o los desequilibrios territoriales, pero siempre sin perder de vista a quienes tienen la verdadera responsabilidad. Los especuladores financieros y la clase política, tanto de izquierdas como de derechas, son quienes nos han llevado a esta situación. Es esa casta política la que acumula la indecencia y la que no tiene el menor reparo en tratar de enfrentarnos para eximirse. No les dejemos hacerlo. No entremos en su juego.