OPINIO
 

Al garete con nuestra tradición

 

Celestino Álvarez-Cienfuegos / Es una característica muy común, el que los humanos nos sintamos orgullosos de pertenecer a nuestra patria. Esto se demuestra de modo visible, en el hecho de que solemos ensalzarla, a veces magnificándola desmesuradamente. Pero nuestra Patria, está ligada indisolublemente a nuestra Historia, de manera que somos hijos igualmente tanto de una como de otra y queramos o no, a ellas nos debemos.

Estableciendo un paralelismo, entre esta “madre” nuestra y la otra (la que nos parió) podemos decir que uno no es bien nacido, tanto si reniega de una como de la otra.

Resulta que, como todos sabemos, la Historia de nuestra Patria- que es la nuestra – es que el conjunto de acontecimientos, afortunados o no, que fueron sucediéndose con el correr de los tiempos. Pero también lo es, y resulta trascendental, la mentalidad, afanes, costumbres y creencias, porque todo ello conformó nuestra ancestral cultura sobre la que se asienta nuestra Historia.

Desde la Edad Antigua en que fuimos una provincia romana, pasando por el Medievo y terminando en nuestros días, venimos siendo un pueblo con raíces cristianas, como otros pueblos de Occidente que, guste o disguste a quien sea, nunca nos dejamos imponer ninguna otra cultura, recurriendo para ello al conflicto armado en muchas ocasiones.

En estos días, vemos en los noticiarios, que, con la beneplácita mirada de nuestros ínclitos gobernantes, jueces y algunos voceadores, se intenta o se lleva a cabo la retirada de signos cristianos de colegios y otros centros públicos, argumentando no sé qué razones, de no sé qué sensibilidades heridas y atendiendo a unas libertades que hay que conferir a unas personas que nos visitan, en detrimento de las nuestras.

Que el “quijotismo” es algo muy español, está fuera de toda duda; pero deberíamos establecer una medida para –de una vez por todas – dejar de ser la risa de Occidente y el objeto de abuso de quienes nos visitan.

Naturalmente, todo ser humano está en su derecho de ser religioso, creyente, agnóstico, ateo o lo que le venga en gana. Pero tratar (o aceptar) de que, por la protesta de unos señores forasteros se nos imponga la retirada de los signos cristianos, es tanto como renegar de nuestra ancestral cultura y por lo tanto de la Historia de nuestra Patria.

¿Alguien se ha preguntado, cómo responderían en un país islámico, si emigrantes cristianos demandasen la retirada de sus signos? ¿Es que la libertad para esos señores, ha de ser superior a la de los de aquí? ¿No se le ocurre a nadie pensar, que es un medio sigiloso, para en el siguiente paso hacernos mahometanos a los españoles?

A mi modo de ver, deberíamos ser bien nacidos y no renegar de nuestra cultura. Y si a eso no queremos atender, tengamos al menos la suficiente dignidad y amor propio, para no hacer una genuflexión ante las aspiraciones de una religión extraña a nosotros y que parece que, a la corta o a la larga, se nos querrá imponer.

Si sigue este “aquí todo vale” y esta tolerancia, el que suscribe, que es republicano, cualquier día exigirá de nuestros legisladores y jueces, que retiren de los centros oficiales y públicos la fotografía del rey Juan Carlos I para no herir la sensibilidad de mis correligionarios y la mía propia.

Si no queremos respetar a nuestra propia cultura y nuestra Historia, tengamos al menos la suficiente seriedad y dignidad para no dejarnos avasallar y terminar diluidos en una cultura que no es miscible con la nuestra.