Fernando
Chiva /
Partimos de la idea de que cualquier trabajador se paga sus
trajes... de Carrefour o de Ermenegildo Zegna, hay un amplio
espectro de calidades y precios, de acuerdo con las posibilidades
adquisitivas y las necesidades de cada persona. Yo, como trabajador
de clase media, por ejemplo, los compro en El Corte Inglés
y Cortefiel. Y los pago, unos al contado, y otros a plazos.
Pero ya no voy a hablar del socorrido tema de los trajes gratis
de Camps y Costa. La maquinaria mediática del PP ya se
ha puesto en funcionamiento para echar tierra al asunto, para
contrarrestar los efectos adversos del caso Gürtel con
contranoticias más o menos escandalosas sobre las corruptelas
socialistas de Manuel Chaves y familia, que también traen
cola. Así que, a nivel de medios, los trajes de Camps
han dejado de ser relevantes. El definitivo carpetazo al tema
vendrá en el congreso del auto-bombo que Mariano Rajoy
va a montar próximamente en Valencia, para mayor gloria
y lavada de cara de uno de los “artífices”
de la victoria europea del PP: su amigo Paco Camps.
Tampoco voy a hablar del batacazo socialista en la Comunidad
Valenciana, con un Jorge Alarte incapaz de provocar una victoria
socialista ni tan siquiera en su propio pueblo, Alaquas. Ni
de las presuntas irregularidades municipales del alcalde de
Elche, Alejandro Soler. Los socialistas bastante tienen ya con
la cruz del pancatalanismo que arrastran desde hace décadas,
y con sus reiterados fracasos electorales, precio político
que se empecinan en seguir pagando por su irracional decisión
de seguir arrastrando con los preceptos fusterianistas que tanta
ampolla levantan entre el electorado valenciano.
De lo que quiero hablar realmente es de los problemas valencianos.
Del ciudadano, del trabajador. Mientras socialistas y populares
se lanzan los trastos a la cabeza y juegan al “me das
o te doy”, los valencianos seguimos acarreando una serie
de problemas a varios niveles que nadie tiene a bien solucionar,
ni creo que se lo plantee.
El desempleo valenciano es el único que ha crecido en
el mes de mayo en España, la Comunidad Valenciana es
la autonomía con la menor financiación per cápita
del conjunto de España, la AVL dedica nuestro dinero
público a hacer un atlas de entonación del “valenciano”
con colaboración y perspectiva catalana, nuestro sector
agrícola se muere de sed, nuestras cosechas se echan
a perder por el bajo precio de mercado de nuestros frutos, la
escasa inversión en I+D y la competencia feroz y consentida
de terceros países; un año más, en el examen
de comentario de texto de selectividad, han forzado al alumnado
a comentar un texto catalán. Seguimos con barracones
haciendo las veces de colegio, colegios cayéndose a trozos,
centros de salud deficientes, los créditos de los afectados
por la pantanà de Tous siguen sin ser extinguidos a pesar
del compromiso de la vice-presidenta De La Vega, un AVE que
llegará a Valencia, tercera capital de España,
sabe Dios cuándo, una televisión pública
valenciana que, además de ser netamente deficitaria,
nos da una de cal y una de arena, una de catalanismo y otra
de campsismo.
Nuestra geografía plagada de repetidores para la señal
de TV3, y nuestros políticos intentando alcanzar acuerdos
de reciprocidad de emisiones autonómicas con Cataluña
para permitir que prosigan su estrategia de “construcción
nacional” de la Gran Catalunya. Nuestras industrias tradicionales
siguen cerrando y despidiendo trabajadores, nuestros comerciantes
siguen sin poder acceder a fuentes de financiación que
les permitan superar la adversa coyuntura económica que
nos han agravado desde el gobierno central con la nefasta y
errática política económica aplicada. Y
nuestros políticos autonómicos celebrando victorias
electorales, torneos hípicos, tenísticos y velerísticos.
Demasiado trabajo y demasiados problemas a resolver por quien
sólo pierde el tiempo en meter el dedo en el ojo del
contrincante político. ¿Quién resuelve
aquí nuestros problemas? ... y la casa sin barrer