Chimo
Ferrer/ Esta
semana estoy especialmente sensibilizado por el importe de la
factura de la luz. Desde que llegó el señor de
la ceja, las compañías eléctricas nacionales,
y ya no tanto, que operan en la piel de toro, han visto como
los importes que nos cobran por algo que tendría que
ser un servicio básico, la energía eléctrica,
han subido exponencialmente. Incrementos trimestrales, o semestrales
varios puntos por encima de la inflación, han llevado
a que en muchos casos la factura se haya visto multiplicada
por dos en poco años. Como no tienen un pelo de tontos,
han pasado de cobrar cada dos meses a hacerlo cada mes, pero,
¡milacre de Sant Vicent!, el importe es el mismo pero
con una mayor frecuencia. Esto ya lo hizo nuestra primera multinacional
en su día, Telefónica.
Al hilo del desmesurado recibo, cuando uno se pone a investigar,
descubre que con la citada factura pagamos minas, un supuesto
déficit, y lo que es peor, en gran parte, el más
coste que suponen las energías llamadas verdes (no lo
entiendo, si nos ponen negros cada vez que llega el cargo al
banco. ¿Será por lo que les decimos a los directivos
de las empresas aludidas?). Los molinillos de viento, las placas
solares, las ideas de torero bombero de nuestros políticos,…
todo tiene su rinconcito en la sufrida factura que nos martiriza
periódicamente.
Al analizar los costes de producción de cada fuente
vemos que la energía nuclear es con mucho la más
barata, la más segura y la menos contaminante de todas,
luego la hidráulica que producen los saltos de agua,
la de las centrales térmicas, y al final ‘las verdes’.
Estas últimas están jugosamente subvencionadas
a distintos niveles llegando a pagarse por el kilovatio producido
mucho más de lo que cobra la empresa de distribución,
y por ello encareciendo el recibo (al hacer media de costes),
pese a la producción nuclear y demás. En otro
artículo tocaremos lo contaminantes o no de las citadas
energías verdes, placas solares, eliminación de
arbolado, molinillos trasformando el ecosistema,…
El genio de la Moncloa, pese a que los números cantan,
ha decidido que la producción de las llamadas renovables
(se ve que lo de verde no les termina), debe incrementarse,
y las eléctricas lógicamente lo aplican al recibo
del sufrido votante de ZP. Todo por no hacer como Felipito,
el de los morros, con la OTAN y decir que dijo Diego en lugar
de digo. ZP tiene agarrada la bandera ecologista, y pese a que
nos lleve a la más terrible de las ruinas no piensa dejarla.
Por otro lado, desde el gobierno, ante el despilfarro de tener
que pagar 200 millones de euros anuales a Francia para que nos
deje al otro lado de la línea fronteriza los residuos
radiactivos (como si la contaminación atómica
entendiera de aduanas), ha convocado un concurso para un almacén
de residuos. Aquí Alarte, y en otros lugares el cordobés
Montilla o el manchego Barreda, en un alarde de coherencia,
se oponen a lo que propone el gobierno que sustentan con sus
votos en el Parlamento, y se declaran antinucleares. Están
locos estos políticos.
Como en muchas cosas, ZP está dejando España,
“que no la va a conocer ni la madre que la parió”
(Guerra dixit). Señor Zapatero, no sería mejor
para todos, incluso para los votantes socialistas que hacen
cola en el INEM con el resto de españoles, que dejara
unos meses la demagogia, los gestos fotogénicos, y la
propaganda barata, y se decidiera a hacer lo que España
necesita. Mójese señor Zetapé, mójese.
Ponga en marcha un programa energético que abarate el
recibo de la luz a ciudadanos y empresas, incluso construyendo
nuevas centrales nucleares, tome medidas contra el paro, apoye
a las Pymes y autónomos,… Estamos seguros que dijo
Diego en lugar de digo (por nuestro bien).
Y recordando al valenciano Tip y su amigacho, el catalán,
bajito, más feo, y menos simpático Coll,”La
semana que viene, hablaremos del Gobierno”.