Chimo
Ferrer/ Hace
muchos años, un buen amigo bastante mayor que yo me dio
un consejo, ‘Chimo, lo más barato siempre es la
ley’. Mi amigo se refería que a largo plazo, cumplir
la ley a rajatabla siempre resultaba mejor, menos problemático,
y más económico por el ahorro en pleitos y posibles
sanciones administrativas.
Aquel viejo consejo, partía de una premisa, que las
leyes estaban hechas pensando en mejorar la sociedad y las relaciones
entre los ciudadanos. Esta premisa, en los años que llevamos
desde que se votó la Constitución del 78, parece
que se ha ido diluyendo como un azucarillo. Debido a los equilibrios
parlamentarios, los intereses de las minorías, y los
abundantes dineros públicos empleados, los distintos
partidos políticos (que se han convertido en una especie
de tenia del Estado), han desarrollado leyes que alejadas del
interés general buscan conseguir beneficios para pequeñas
zonas, territorios, o grupos de poder. Así, vemos como
en Cataluña, los políticos han diseñado
un estatuto que lejos de interesarse por el bien general y por
conseguir una de las máximas ya impulsadas hace varios
siglos en la Revolución Francesa, la igualdad, han retorcido
la Constitución para que diga lo que a ellos les interesa,
y así, beneficiar a unos pocos, con el consiguiente perjuicio
para el resto. Es decir una ley, que cumplirla nos resulta cara.
Además, el conjunto de los ciudadanos nos encontramos
con un serio problema, si utilizando nuestro sentido común
nos oponemos a lo que vemos claramente como injusto, los políticos
y organizaciones afines, utilizando dineros públicos,
nos denuncian y machacan judicialmente hasta llevarnos a desistir
de nuestra actitud. Solo el buen criterio de algunos jueces
con principios, permite aún vislumbrar un rayo de luz
a lo lejos.
En los últimos meses, podemos ver varios ejemplos de
lo que esta sucediendo en esta nuestra sociedad española.
El estatuto de autonomía de Cataluña es un triste
ejemplo, pero no el único, estas semanas pasadas saltaba
a los medios de comunicación el caso de Natalia Santacreu,
una niña a la que aplicándole las leyes que el
PP ha promulgado, sus profesores le pretendían suspender
por no escribir en catalán (¡¡¡ EN
VALÉNCIA!!!). Gracias a airear el asunto, parece que
conseguirá recuperar las notas correspondientes a sus
conocimientos. Las declaraciones de la vice-consejera de Camps
son esclarecedoras, se están “aprovechando los
sectores más radicales”. Si, ¿pero que leyes
están utilizando estos sectores? Las leyes que el señor
‘valencianista’ Camps ha puesto en marcha y que
están machacando a los ciudadanos. Cumplirlas será
lo más barato a corto plazo, pero no lo más justo
y beneficioso para nuestro futuro. Otro caso reciente. Un señor
condenado por terrorismo viene a presentar un libro invitado
por una organización X, pero además, se dedica
a insultar a los naturales de la tierra con propuestas que van
contra su cultura, principios y forma de ser, lo que en cualquier
país democrático sería un escándalo,
aquí parece ser un derecho. Cuando indignados algunos
ciudadanos se acercan a protestar (algo que tendría que
ser posible en un estado democrático), los organizadores
se dedican a demandar a diestro y siniestro, aprovechándose,
de que su estructura se encuentra debidamente financiada con
subvenciones que salen de los impuestos de los mismos ciudadanos
demandados. Gracias a Dios, aun quedan jueces con dos dedos
de frente y tenemos que celebrar varias sentencias a favor de
la libertad, y contra los que invitan a terroristas condenados,
a dar charlitas. ¿Quién pagará todas esas
demandas? ¿Quien aprovechará el dinero digamos
publico, para perseguir y coaccionar a los ciudadanos? Las leyes
que permiten conseguir subvenciones a determinadas organizaciones,
que se dedican a organizar charlas en distintos ámbitos,
con condenados por pertenecer al entorno de ETA o con terroristas
de ideología catalanista, nos salen muy caras.
Finalmente, tendremos que replantearnos el consejo de nuestro
amigo, tal vez la ley sea lo más barato a corto plazo,
pero a largo, las consecuencias y perjuicios de algunas leyes
pueden ser demoledores.
¿Seremos los valencianos lo suficientemente inteligentes
como para cambiar las leyes perjudiciales para nuestros intereses
a largo plazo, y quitar del Palacio de los Borja de Valencia
a los políticos que las han ideado? ¿Seremos capaces
los valencianos de utilizar la cabeza y votar a un partido valenciano
que defienda los intereses de los valencianos? La respuesta
en el 2011. Esperemos encontrar la ‘solució’.