OPINIO
 

Poner puertas al campo

 

Chimo Ferrer/ ETras meses de negociaciones con Paterna y pueblos próximos, la multinacional del mueble Ikea ha tirado la toalla y ha decidido irse con viento fresco a otro lugar, como resultado de ello encontramos en la prensa este titular, “Ikea rompe con Paterna ante el júbilo de los fabricantes de muebles”. Este esplendoroso, llamativo, y a la vez engañino titular de prensa, esconde una triste realidad, nuestra antes potente industria del mueble se muere ante la inactividad de las administraciones y el envejecimiento de las empresas, la falta de competitividad, la carencia de flexibilidad, y la competencia que hacen mella en las cuentas de resultados y en las ganas de pelear de sus gerentes y accionistas.

Sin duda, la ruptura de las negociaciones no es más que una ínfima ganancia de tiempo ante lo que tarde o temprano tiene que llegar, una victoria pírrica no se sabe muy bien de quien, que ha desatado el citado “júbilo”. Ikea como empresa global que es, buscará el momento y el lugar adecuado para instalar su punto de venta y desde allí aspirar a lo que cualquier empresa debe aspirar, copar su nicho de mercado y ampliarlo. ¿Qué habrán conseguido entonces las empresas? ¿Qué habrán conseguido los políticos? ¿Para qué habrán puesto puertas al campo?

Lo realmente incomprensible de la situación es la incapacidad de la Generalitat valenciana para negociar con Ikea y conseguir de una vez dos objetivos imprescindibles para Valencia, dos objetivos que aparentemente el alcalde de Paterna tenía claro, conseguir que la multinacional se instale en Valencia para beneficio de nuestros consumidores y, que nuestra industria salga reforzada de la apuesta sueca.

Conversando a nivel particular con un dirigente del partido valencianista Coalición valenciana, me trasmitía su tristeza por la incapacidad manifiesta de nuestros políticos sobre muchos temas y la perdida de riqueza e influencia que ello supone para los valencianos. Sobre este tema concreto, el aludido me exponía un planteamiento valiente, “si nosotros gobernáramos la Generalitat, ya nos habríamos desplazado a la sede de Ikea e intentado hablar con los responsables”. El planteamiento es sencillo, vamos a negociar con los suecos y a conseguir que incrementen su volumen de compras a empresas valencianas, vamos a apoyar a los departamentos de I+D+I (Investigación + Desarrollo + Innovación tecnológica) de nuestras empresas y, a desarrollar productos que puedan competir dentro de los lineales de Ikea, y finalmente, vamos a buscar un emplazamiento optimo, destinando las inversiones necesarias en infraestructuras, realizadas por empresas locales, para que la multinacional abra su tienda. Total los suecos se van a instalar si o si, ¿para qué poner puertas al campo? Hagámonos socios.

Parece que entre tantas guerras internas dentro de los partidos tradicionales (PP, PSOE, IU-Compromís-Bloc) y las batallas entre ellos, no tienen tiempo de pensar en soluciones óptimas para los que les pagan los desmesurados sueldos, los pobres contribuyentes. La regeneración necesaria de la vida política española es imprescindible en Valencia, y sin más dilación, nuestra adormecida sociedad valenciana necesita un revulsivo que la ponga nuevamente en ebullición y en condiciones para competir en el mundo del siglo XXI.