OPINIO
 

La historia y las historietas

 

Chimo Ferrer/ La Roqueta, El Colegio de la Seda, la Iglesia de San José o de Escolapios, Santa Lucía, la Iglesia del Carmen, así hasta varios centenares de edificios históricos en la misma ciudad de Valencia, que siendo historia en estado puro, y/o joyas arquitectónicas, amenazan inminente ruina o requieren una restauración urgente.

Pero no, nuestros ilustrísimos y bien pagados políticos, han decidido hacer un edificio de nueva planta con un presupuestos de casi 800 millones de pesetas rubias, junto ala Iglesia del Pilar, en Velluters.

Ante las quejas de distintas personalidades, incluido el presidente del gremio, un gremio con medio milenio de historia, la propaganda municipal nos alega que es un edificio privado, como si otros muchos no lo fueran y si que reciben ayudas. Ellos mismos nos han contado como algunos edificios privados del Cabañal han recibido ayudas para reformarlos. Pero, ¿qué tiene el Colegio del Arte Mayor de la Seda que no tengan otros? Seguramente tiene precisamente lo que buscan en la alcaldía y se empeñan en reconstruir haciendo una mala copia, historia. Ese edificio centenario y sus azulejos (que son expoliados impunemente y van apareciendo por los rastros), nos hablan de una Valencia muy distinta a la que nos pintan algunos fusterianos, una Valencia industrial, una Valencia rica que sabe evolucionar y orientarse a nuevos sectores cuando sus industrias tradicionales entran en decadencia. Una historia con mayúsculas como la de La Roqueta y sus mozárabes con su lengua romanç, sus tradiciones cristianas, que fueron capaces de mantener el latín y evolucionarlo en una Valencia gobernada por musulmanes. Una historia que poco tiene que ver con las historias o historietas que nos montan, venden, e inoculan en nuestras mentes y las de nuestros hijos, esos sagaces políticos amantes de trajes, relojes, obras faraónicas y planes E.

Nos tienen acostumbrados nuestros políticos a gastarse nuestro dinero sin rubor en cosas innecesarias, en megalomanías, en imponer lenguas o televisiones que nadie quiere, en construir edificios para contar batallitas que finalmente siempre dejan en manos de desmemoriados históricos. En cambio, la historia de verdad se muere, se hace trozos, se manipula.

Camps y Rita pasarán a la historia como el general español Blake, que un 12 de marzo de 1810 derribó el palacio real de Valencia, aquel por motivos estratégicos o económicos para sustentar la guerra contra el francés, estos, por desidia y al por mayor. Confiemos en que nuestros bisnietos no tengan que ir a visitar los restos de La Roqueta, El Colegio de la Seda, la Iglesia de San José, Santa Lucía o la Iglesia del Carmen, como nosotros visitamos el Hospital, o el real, o recordamos el Realaet, Mossen Sorell, o el Palacio de Ripalda.

Por favor, Rita, Camps, más historia y menos historietas.