Existe
una corriente de opinión dentro de la sociedad valenciana
que, o no es partidaria, o no comprende el anticatalanismo que
alberga el corpus identitario del valencianismo. El problema
es que es el pancatalanismo, utilizando esta terminología
por analogía con las ideas expansionistas del pangermanismo
nazi, el que a manera de su particular Anschluss está
empecinado en la anexión de sus llamados países
catalanes.
A quién refute este hecho sólo hay que contestarle
con cifras y datos. Por ejemplo, la semana pasada se hizo público
el Informe sobre Política Lingüística de
2007 de la Generalitat de Cataluña, el informe permitió
conocer la Generalitat catalana se ha gastado más de
60 millones de euros en subvencionar el uso del catalán
durante el pasado año. Pero lo malo de este dato es que
de ésta cantidad, 4,5 millones corresponden a ayudas
fuera de Cataluña, a entidades de las Islas Baleares,
Francia, Comunidad Valenciana, Aragón y Cerdeña,
dedicadas a la promoción de la lengua catalana. Igualmente
elevadas son las ayudas que, a través del Institut Ramon
Llull, se concedieron a universidades y entidades valencianas.
¿Por qué tiene que subvencionar la Generalitat
catalana con 1.798.312 euros a universidades no catalanas como
las valencianas? Tendrá esto algo que ver con las ideas
pancatalanistas que tan firmemente han arraigado en nuestras
universidades.
Éstas subvenciones son otorgadas por la Vicepresidencia
de la Generalitat que dirige Josep Lluís Carod-Rovira.
Personaje que ha destinado 195.668 euros a subvencionar entidades
no catalanas que promocionan el catalán, dentro de esta
partida de ayudas de incluyen las destinadas al entramado de
Eliseo Climent. Aunque nuestro amigo Eliseo recibe ayudas de
otras muchas consellerías catalanas y especialmente del
departamento de Cultura y Medios de Comunicación que
es que más dinero mueve en ayudas, en algunos casos de
dudoso rigor administrativo, cómo los seis millones de
euros que destinó a firmar convenios con editores en
lengua catalana que asistieron a la Feria de Francfurt. Y luego
dicen lo que dicen.