Los
catalanes no se cansan en reivindicar los “països
catalans”, nuestra catalanidad, raíces conjuntas
y demás monsergas, pero cuando se toca el tema de la
botxaca y el desarrollo económico, la cosa cambia. Ya
nada quieren saber de hermanamiento, ni intereses compartidos...
el agua del Ebro para lo catalanes y las autovías e infraestructuras
también para ellos.
El último ejemplo lo estamos viviendo con la famosa A-68,
la autovía que enlazará el norte de España,
Aragón y el Mediterráneo y que los catalanes quieren
que termine en Tarragona y no en Vinaroz (Castellón).
El Ministerio de Fomento tiene que decidir si se opta por Vinaroz
o Tarragona y acumula un año de retraso en la conclusión
del estudio que tiene que determinar la salida al mar. El estudio
que siguen elaborando los técnicos de Fomento debe aportar
datos sobre los tráficos y las demandas en la conexión
entre la localidad turolense de Valdealgorfa y el corredor mediterráneo,
y así decidir que provincia elegir.
Un retraso pospuesto por temas políticos. El lobby de
presión catalán en Madrid quiere a toda costa
esta infraestructura para Cataluña. La autovía
tendría un impacto destacado en el desarrollo económico
y social de la provincia que al fin la obtenga y Magdalena Álvarez
no se decide. Teruel y Castellón quieren que acabe en
Vinaroz y Cataluña en Tarragona.
Esta autovía entre Zaragoza y el norte de Castellón
es una vieja reivindicación de los valencianos y de la
patronal. Esta infraestructura permitiría enlazar la
cornisa cantábrica y todo el norte de España con
Zaragoza y Castellón, una infraestructura vital para
potenciar todo el turismo de la Comunidad Valenciana venido
del norte de España. Y claro, los catalanes se niegan
y Tarragona quiere para ella la salida al mar de la A68.
La propuesta catalana es más compleja, más cara
y tardaría más tiempo en ejecutarse pero el Ministerio
de Fomento se ha decantado en la mayoría de las ocasiones
del lado de Cataluña ante un Partido Popular que no ha
querido o no le ha interesado defender los intereses valencianos
en Madrid.