El
Tartufo de Molière ha pasado a la historia como un ejemplo
de la hipocresía. La trama ideada por el dramaturgo galo
quería reflejar la situación política de
la Francia del XVII, un monarca absolutista, Luis XIV que estaba
rodeado de una camarilla de personas que intentaban influir
en el rey presentándose como personas de pleno sentir
religioso y moralidad intachable, cuando la realidad era toda
la contraria.
Trasladado el argumento a nuestra época y geografía
política valenciana, el monarca absoluto se personifica
en la sociedad valenciana y la camarilla de aduladores en el
Partido Popular. Así el Tartufo Popular no duda en ser
el mayor de los hipócritas cuando esto le puede beneficiar
políticamente.
Así, un PP y un José María Chiquillo completamente
indignado ha salido ante los medios de comunicación como
adalid del valencianismo cargando en el Senado contra el respaldo
económico del Gobierno central a Acció Cultural
del País Valencià (ACPV) o contra el convenio
de colaboración suscrito por el Ministerio de Cultura
con el IEC que le permitió realizar exposiciones como
la realizada con el epígrafe de los «Países
Catalanes» en el edificio del Centre Cultural Octubre
de ACPV en el centro de Valencia.
Mucha declaración contra el pancatalanismo para que lo
recoja el diario ABC, al que le encanta destacar el valencianismo
del PP, pero ¿Quién concedió a Eliseo Climent
la licencia de apertura de su macrocentro catalanista? ¿Quién
ha impuesto la AVL pactando con CiU?
El PP se rasga la vestiduras por la propuesta para financiar
con 300.000 euros a Acció Cultural del País Valencià
pactada entre PSOE y Esquerra Republicana de Cataluña
(ERC), para que pueda hacer frente a la multa impuesta por el
PP por emitir de forma ilegal TV3, una televisión que
ahora legaliza el mismo Partido Popular.
Los populares presentarán un enmienda en el Senado para
reclamar que los 300.000 euros se destinen a la promoción
del valenciano. ¿Qué valenciano, el catalán
que imparte la AVL?
Pura
hipocresía.