¿Qué
pasa en este mundo y más concretamente en España
para que todos los días tengamos que asisitir sobrecogidos
e impotentes ante el éxodo de miles de personas en busca
de una incertidumbre que les puede acarrear la muerte?
Con independencia de la execrable reponsabilidad en la que incurren
las mafias de la inmigración en las que están
implicadas, cuando no dirigidas, por líderes políticos
y religiosos del Magrev, lo bien cierto es que el rumbo de pateras
y cayucos la mayoría de veces tiene a la tragedia como
verdadero y seguro destino.
España tendrá a mediados del 2009 alrededor de
tres millones y medio de parados reales de los que más
de la mitad serán inmigrantes que por su bajo o nulo
nivel de cualificación se concentrarán en el sector
de la construcción, la asistencia al hogar y el
campo. Habida cuenta de que la política española,
desde la ley de estranjería aprobada por el PP en diciembre
del 2000 y que tuvo el gran efecto llamada para que se afincaran
en España más de un millon de inmigrantes a la
espera de su regularización, permite -cuando no fomenta
directamente- la reagrupación familiar, nos encontramos
con que el prolema del paro no sólo afectará a
ilegales y regularizados sino a sus familas completas a las
que la situación de crisis situará en el umbral
de la indigencia. Estaremos, pues, ante un gran fraude. España
ya no será la tierra de promisión y miles de inmigrantes
-y muchos nacionales- no tendrán otra salida para sobrevivier
ellos y sus familias agrupadas que dedicarse a la mendicidad
y a la delincuencia.
La clase política se ha llenado la boca de gestos favorables
a la inmigración ilimitada con el fín de conjurar
el peligro de ser acusados de xenofobia o racismo. Pero no han
aportado soluciones. La política de puertas abiertas
y de regularizaciones indiscriminadas (5 por el Gobierno de
Aznar y una masiva por el de Zapatero) ha hecho que ahora el
problema de la inmigración no sólo sea un problema
para los nacionales sino tambien para los inmigrantes y sus
familias.
El gran drama de la inmigración es, Sr. Zapatero, sin
casi; política, económica y moralmente insoportable.