EDITORIAL
 
"En una aldea al noreste de la Galia.."
 

El cierre de Valéncia Hui o de Diario de Valencia, sin incluir su esperpéntica etapa final, traspasa las fronteras del fracaso empresarial y económico y supone un duro golpe para el valencianismo en general. Teniendo en cuenta del boicot del PP a estos dos medios escritos, hay que realizar un ejercicio de reflexión interna sobre lo que significa no haber podido mantener una cifra de ventas de periódicos que les permitiera una mínima solvencia económica. No queda más remedio que considerar que el actual panorama mediático es desolador para el valencianismo.

En prensa escrita, el periódico Las Provincias siempre ha sido considerado el vocero de la burguesía valenciana y del valencianismo, especialmente durante la etapa de María Consuelo Reina, pero ahora y tras ser comprado por un grupo de comunicación vasco las cosas cambiaron radicalmente. No sólo con su respaldo a la política del PP, sino con la ausencia de informaciones de formaciones valencianistas, la transformación de la realidad como el pasado 9 d’Octubre o en las cifras de los actos de Coalicio Valenciana. Ahora, hasta cambian la historia, así en una información sobre Jaume I (“Una fortaleza para defender a la ciudad y como prisión”) utiliza el anacronismo “Confederación Catalanoaragonesa” para referirse a la Corona de Aragón. Ya sólo se puede leer en este diario informaciones de la RACV y de Lo Rat y las mantienen para mantener su imagen, a lo PP, de diario valencianista.

Y eso en Las Provincias, en los diarios de tirada nacional de cualquier ideología, dícese ABC, La Razón, El País, Público... se reduce al valencianismo a grupos ultras o de extrema derecha. Aún no sabemos porque motivo. Y el Levante, de capital catalán y por hacer la puñeta al PP, por un artículo o información valencianista hay cien de tendencia pancatalanista.

Se necesita llegar a la opinión pública ahora que hasta el Bloc va de valencianista y esta reivindicado “la unidad del valencianismo político y la recuperación de las señas de identidad” y el pancatalanismo encabezado por ACPV no para de conseguir subvenciones del nacionalismo catalán y de un gran número de ayuntamientos e instituciones públicas valencianas. Cada vez más, el valencianismo se parece a un guión de Goscinny, “en una aldea al noroeste de la Galia, la única parte del país que no ha sido conquistada aún por Julio César”.