La
reforma de la denominación regional del PSOE trae especialmente
enfrentados a los militantes socialistas valencianos. A la hora
de marcar terreno y diferenciar discursos, los candidatos a
dirigir el PSPV están especialmente divididos en el tema
de la nomenclatura del partido, donde algunos sectores proponen
cambiar lo de "país valencià" por
Comunitat Valenciana.
Este discurso no es ni nuevo ni superificial, ya que el PSOE
ha mantenido esta confrontación ideológica desde
los mismos años 80 en los que la formación socialista
se debatía entre el nacionalismo pancatalanista o la
centralidad del estado.
Los
representantes del sector nacionalista del PSOE, Albiñana
y Lerma, hicieron del PSPV una formación política
poco original que siempre estaba mirando hacia Cataluña
a la hora de tomar sus decisiones. Mientras unos querían
mirar hacia Madrid otros lo hacían hacia Barcelona. Pero
es que en el PP se padece también del mismo complejo.
La reciente reforma del Estatuto valenciano aprobado en abril
del 2006 entre el PP presidido por Camps y un PSPV representado
por el caído Joan Ignaci Pla, consolida la fórmula,
si no oficial, si "moderna" de "país
valencià". Fue una oportunidad más, quizás
la más importante, que tuvieron PP y PSOE de quitarse
y quitarnos de esta absurda, ilegal y ofensiva fórmula
de dependencia al nacionalismo catalán, pero prefirieron
seguir haciéndoles el juego a los CiUs, PSCs y ERC y
mantuvieron la denominación impopular de "país
valenciano" en el nuevo estatuto.
Así reza la nueva norma constitutiva valenciana: "La
Comunitat Valenciana surgió como consecuencia de la manifestación
de la voluntad autonómica del pueblo de las provincias
valencianas, después de la etapa preautonómica,
a la que accedió en virtud del Real Decreto-ley 10/1978,
de creación del Consell del País Valenciano. Aprobada
la Constitución española fue, en su marco, donde
la tradición valenciana proveniente del histórico
Reino de Valencia se encontró con la concepción
moderna del País Valenciano y dio origen a la autonomía
valenciana".
El que ahora el PSOE se divida entre quienes pretenden adoptar
una fórmula denominativa más popular y sustituir
una ilegal y ahistórica es bueno. Bienvenido sea. Lo
malo es si se queda en un asunto de nomenclaturas y no se abre
un profundo debate en el seno de la agrupación socialista
para abandonar de una vez por todas las posiciones nacionalistas
catalanistas que siempre han tenido hipotecado al PSOE valenciano.
Y con él, la puerta abierta a los irreales "países
catalanes".