El
origen del término “política” está
vinculado a la historia de la cultura occidental desde sus comienzos
a partir del siglo V a.C. hasta su definitiva consolidación
como término gracias a la obra de Aristóteles,
“Política”. El mismo Aristoteles definía
al ser humano como un animal político por excelencia,
pero también define a la política como la “comunicación
dotada de un poder”. Un apego al poder al que se calificó
hace unos años con la expresión de “erótica
del poder”. Al parecer para algunos políticos valencianos
el poder provoca un placer global, incluso físico, lo
que explica que se resistan con uñas y dientes a perderlo.
Algunos incluso han logrado introducir una reforma en los estatutos
de su partido para que se les permita seguir ejerciendo un cargo
público “hasta que exista una condena firme en
un procedimiento penal”. Estamos hablando de Carlos Fabra,
el presidente del PP en Castellón y presidente de la
Diputación de Castellón que ha conseguido que
el Congreso Regional del PP modifique los estatutos de la formación
para que él pueda seguir en el cargo.
Por lo visto dentro de las filas del PP hay muchos casos como
el de Fabra, como el del ex alcalde de Villareral, Manuel Vilanova,
que fue condenado por prevaricación por el Tribunal Supremo
a ocho años de inhabilitación y a año y
medio de prisión y que actualmente ocupa el cargo de
presidente del PP en Villarreal. Pero para el PP no será
una “sentencia firme hasta que no se pronuncien las últimas
instancias como el Tribunal Europeo”, y siempre se podrá
recurrir esta sentencia hasta el fin del mandato.
Es que el respaldo de los populares a sus políticos condenados
ya viene de largo, el mismo Ricardo Costa o Vicente Rambla alabaron
hasta el cansancio a Luis Fernando Cartagena, condenado y encarcelado
por quedarse con 49.000 euros donados por unas religiosas al
Ayuntamiento de Orihuela.
Ahora, Manuel Vilanova no va a ser ni expedientado ni expulsado
del PP, pese a que sobre él recae una sentencia firme
del Tribunal Supremo . Es que el código ético
del PP y los estatutos recién reformados del PP sólo
están, como el valencianismo de que hace gala el partido,
para el escaparate. Lo que importa es mantener el poder y sus
prebendas el mayor tiempo posible, esto sí que es erótica
del poder.