EDITORIAL
 
Colón, Cervantes o Joanot Martorell, esos catalanes ejemplares
 

El pancatalanismo siempre ha sabido cambiar la historia para apropiársela o moldearla a su gusto para que se adecue a sus fines. Ahora resulta que Cristóbal Colón era catalán de Barcelona o eso cree el profesor Charles F. Merrill de la Universidad de Santa María de Maryland en su libro “Colon de Cataluña, el origen de Cristóbal Colon, revelado”. El autor americano, que habla un perfecto catalán y publicará su libro en catalán, argumenta que el apellido del descubridor era Colom y que fue castellanizado a la forma Colón. Para el investigador fue la inquisición española la culpable de que Colom castellanizase su nombre, ya se sabe que la inquisición y el franquismo siempre han estado contra todo lo catalán....

Merrill, que presentó su libro en la sede del pancatalanista Ómnium cultural aseguró que Colón se escribía en catalán con el aragonés Luis de Santángel, “a pesar de que sólo se han conservado la copias escritas en castellano y latín”. Otra prueba irrefutable para Merrill es que puso el nombre de Montserrat a una de las islas descubiertas. Ahora que ya se ha confirmado la catalanidad de Colón con el respaldo, subvención y publicidad del entramado de Ómnium Cultural, al que también pertenece Eliseo Climent, sólo falta incluirlo en los planes de estudio.

Antes que Colón ya se “descubrió” la catalanidad de Miguel de Cervantes gracias a los trabajos de Jordi Bilbeny. Este autor afirma que Cervantes, proveniente de una familia catalana, tuvo que traducir sus obras al castellano por miedo a la inquisición. Para Bilbeny, Cervantes tenía sentimientos procatalanistas “el hidalgo don Quijote recupera la cordura y vive las mejores gestas en Barcelona, mientras que en Castilla se le acentúan las alucinaciones y la locura”, incluso se afirma que Cervantes, que escribe su libro en homenajea de otra obra catalana de caballería, "Tirant lo Blanc”, nunca podría ser el hijo analfabeto de un ganadero de Castilla, puesto que la obra revela un escritor culto, que demuestra tener conocimientos de los autores clásicos, de navegación,... y de otras muchas disciplinas, algo más propio de un catalán.

Por desgracia los valencianos ya estamos acostumbrados a esta constante usurpación del pancatalanismo. Nuestra lengua con sus escritores del siglo de oro valenciano, nuestra cultura, gastronomía, folclore, tradiciones está siendo “asimilado” por el catalanismo como propio. El último ejemplo lo estamos viviendo en México, donde se ha invitado a Cataluña al festival cultural que organiza este país y Cataluña ha escogido al Tirant lo Blanch como exponente de la cultura y letras catalana, así ha hecho un tal Bieito una especie de aberración teatral de la obra de Joanot Martorrell que está difundiendo por todo México. Y aquí nadie dice nada, pronto rodarán un documental sobre la catalanidad de San Vicente Ferrer, Blasco Ibáñez o Benlliure como ya han hecho sobre Colón y están preparando sobre Cervantes.