La
existencia y mantenimiento de una red de transportes públicos
de calidad es una de las premisas que los ciudadanos deben exigir
a los poderes públicos. Es una triste paradoja que cuando
más dinero se está gastando el erario público
en sensibilizar a los ciudadanos para que utilicen el transporte
público por conciencia ecológica, ahorro energético
y sentido común, peor servicio se esté dando a
los sufridos usuarios del autobús y el metro. Cuando
en las grandes ciudades europeas existe una tendencia a la gratuidad
de este servicio, en la Comunidad Valenciana cada año
se produce la subida indiscriminada del coste del billete, una
medida que digamos, no incentiva el uso de los transportes municipales.
Encima hay que añadir a esta situación, las numerosas
críticas al TRVCas o la ya casi continuada huelga que
padece el metro y el autobús en el Cap i Casal que produce
la indignación de los usuarios. Unos sufridos usuarios
acostumbrados a que las huelgas coincidan con las fechas en
las que más se necesite el uso de estos medios de transporte,
como las festividades o los grandes eventos.
Y encima estamos recibiendo continuamente campañas de
sensibilización de la DGT para no conducir bajo los efectos
del alcohol y a la vez, no se ponen medidas para comunicar el
centro de las ciudades con las zonas de fiesta a las que acuden
nuestros jóvenes que no tiene más remedio que
acudir al caro e ilocalizable taxi o al coche particular.
Para colmo de males, los usuarios de las líneas de metro
más viejas de Valencia ciudad deben padecer los sobresaltos
de los continuos accidentes, ayer mismo un tren descarriló
en la misma línea donde murieron 43 viajeros y otros
47 resultaron heridos.
Es necesario un plan de mejora de la línea más
antigua de FGV, no basta con cambiar la vía en los tramos
defectuosos, es necesario la renovación de los trenes
que tienen más de 25 años y la mejora de todo
el sistema valenciano de transportes públicos.