OPINIO
 

Los constructores dels països catalans en nuestro Reino de Valencia

 
 

Cristina Seguí/ Periodista

De presuntos malversadores y de la educación pública valenciana

-«Decirnos valencianos es decirnos catalanes»: esta es la verdadera tesis identitaria de Compromís en cuatro clics

-La Universidad de Valencia, la Universidad Politécnica, la Jaume I de Alicante y la Universidad Miguel Hernández de Elche, todas ellas y desde el punto de vista de quien esto escribe, forman parte del detritus educativo en el que se han convertido las aulas públicas valencianas

-¿Cómo es posible que las rotativas de tres periódicos valencianos se hayan convertido en el aparato propagandístico nacionalista?

El pasado sábado 23 de abril Acció Cultural del País Valencia (ACPV) -entidad que junto a Omnium Cultural en Cataluña tiene la encomienda de la construcción nacional de los Països Catalans-, encabezó una manifestación para pedir la anexión de la Comunidad Valenciana a esta entelequia inexistente. A Valencia le amanecieron una decena de autobuses fletados desde Cataluña y la turbamulta antiestablishment de las CUP (conducida por la diputada de la mordaza bolivariana Anna Gabriel), Compromís, Esquerra Republicana de Catalunya y la cuasi difunta EUPV representada por el ex diputado Ricardo Sixto y el ex portavoz Amadeu Sanchís. Estos, tras engrosar las colas del paro el año pasado como consecuencia de su debacle electoral, decidieron tomarse la manifestación independista como lo que era: su rito meritocrático de cara a su rescate institucional en una futurible alianza Compromís-EUPV de cara al 26J. En definitiva, las “Paris Hilton” del mundillo antisistema y muchos malotes anti élites genuflexos y aceptando la humillación del laudatio servil a la aristocracia nacionalista.

Además, todos ellos fueron honrados con la voluptuosa presencia de los “pichones” de los Països Catalans de los sindicatos estudiantiles BEA y SEPC, ambos responsables del ondeaje de sendas esteladas en las emblemáticas Torres de Serranos y la Facultad de Filología, convertida en laboratorio ideológico por la camada de la entelequia nacionalista que, aunque anticapitalista, sucumbía a los tenderetes bien surtidos de souvenirs de los Països Catalans. Qué delicioso hito de la globalización: los groupies anti libre comercio trotando y tirando de tarjeta como si estuvieran en las zapaterías de Rodeo Drive.

El conseller de Transparencia redactó en 1985 la hoja de ruta secesionista

Muchos se preguntan ¿Cómo es posible que esto ocurra en Valencia?La respuesta cabe encontrarla en una clase política que, si bien ha sido siempre de corte constitucionalista, también ha demostrado absoluta parálisis frente al avance del populismo nacionalista debido a una tolerancia muy mal entendida.

 ¿Cómo es posible que, en materia económica, el gobierno central tenga la potestad de intervenir las Comunidades Autónomas aplicando la Ley de Estabilidad Presupuestaria de no cumplirse el objetivo de déficit y, en cambio, no es capaz de exigir la devolución de competencias a Madrid cuando la educación pública se convierte en un arma política para los nacionalistas?

¿Cómo es posible que las rotativas de tres periódicos valencianos se hayan convertido en el aparato propagandístico nacionalista? Quizás porque ellos, afectados también por la caída del ingreso publicitario a causa de la crisis económica, están siendo embebidos por el presupuesto público mientras se ciernen despidos masivos en el plantel periodístico del resto de medios que no acceden a serlo. Los primeros abrían los titulares dominicales aquejados por una pesada resaca arrastrada desde la jornada independentista que, seguramente, les llevó a convertir a Eliseu Climent, pigmeo testaferro de Pujol, y al catalán Francesc Mira, actual presidente de ACPV, en insignes valencianos. Ché, sería la resaca.

Su amnesia, implícita en el cuerpo y los titulares del domingo, desligaron de forma brillante el aquelarre pancatalanista del sábado, finalizado en la plaza de toros de Valencia, de sus principales patrocinadores, tal como aparecía en toda la cartelería del acto: todas las universidades públicas valencianas. Todas ellas. Con nombre y apellidos: La Universidad de Valencia, la Universidad Politécnica, la Jaume I de Alicante y la Universidad Miguel Hernández de Elche. Todas ellas y sin excepción forman parte de “Xarxa Vives”, cuyo objetivo es canalizar la Comunidad Valenciana a través del esfínter del caduco Puigdemont y los Països Catalans. Es por ello que, desde el punto de vista de quien esto escribe, forman parte del detritus educativo en el que se han convertido las aulas púbicas: la cadena de montaje de futuros clientes de las élites políticas izquierdistas. Involutivo, reduccionista, elitista e hiperventilado desde la opulencia de lo público para esbozar además su modelo de sociedad tan alejada del progreso, la competencia con Europa y la meritocracia educativa.

«Decirnos valencianos es decirnos catalanes»: esta es la tesis identitarias de Compromís en cuatro clics

La izquierda política presente en dichas aulas no entiende de sociedades libres porque no caben en sus tesis y pasquines panfletarios. La educación pública valenciana se ha convertido en el subterfugio doctrinal para perpetuar la permanencia política en el poder. El apéndice del engendro clientelar que priva al alumnado disidente de opinar en libertad y que convierte el derecho a educarse en un hándicap a superar, el de la educación pública valenciana y el presunto gobierno malversador y prevaricador de Puig, que perdonó los 11.300 euros que cuesta el alquiler del coso valenciano y el destino de nuestros impuestos a los negocios del Poco Honorable Presidente de la Generalitat.

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