OPINIO
 

Vent de Garbi

 
Camps se busca el mejor abogado penalista
 

Baltasar Bueno /iPor algo será, pienso yo, si es que aún hay libertad (no anestesiada por el PP) de imaginar.


Tal vez por deformación profesional, después de tantos años dedicado al periodismo, un porrón de ellos al mundo del suceso y los tribunales, se me han disparado todas las alertas rojas al conocer la noticia a través de Levante que Paco Camps, el presidente de la Generalitat (ex Valenciana), se ha buscado al mejor penalista de Valencia en la actualidad, el catedrático de Derecho Penal, Javier Boix, para que le defienda en el caso Gürtel, entretejido por Garzón a partir de los mimbres que la policía le ha facilitado tras un año de pinchazos telefónicos bajo la dirección del Fiscal Anticorrupción.


En aquella interesante etapa periodística, los delincuentes más famosos y peligrosos de Valencia, los que lo tenían muy difícil, solían ir a parar al despacho del penalista más famoso de la ciudad, Jesús Sancho-Tello Mercadal, de quien se dice que cobraba unas minutas muy curiosas basadas en una especie de taxímetro que contabilizaba a tanto el año de cárcel menos conseguido.


Era aquel buen hombre un abogado extraordinario, con una gran habilidad para torear a Fiscales y tribunales, que logró salvar de cárceles muy ciertas a innumerables delincuentes. Acudir a sus despacho era una especie de garantía de que o no entrabas en la trena, o si ocurría era para bien poco, una cosa testimonial, para que no se dijera.


Javier Boix es un gran penalista, el derecho Penal y la jurisprudencia al uso se lo manejaba de memoria, carrerilla y hasta durmiendo. Su bufete tiene un enorme prestigio en el territorio nacional, y ha logrado grandes éxitos en estrados.


Por eso, que Camps le haya elegido de maestro en la lidia del caso Gürtel dice mucho, es una crónica anunciada, toda una pista, un toque de clarín de por donde puede que derrote el toro y necesite éste de un buen lidiador para que no empitone a nadie ni salte la barrera en su desencajonada.


La fiesta no ha hecho nada más que comenzar. Cada día van saltando a la opinión pública hijuelas del culebrón, que Camps sigue sin contar ni a la plebe, ni a la canallesca, ni a la Cortes Valencianas. Lo único que hace es exhibir sonrisa de dentífrico, él y su partenaire, Ricardito Costa, Zupercozta, ese pobrecito al que los contribuyentes le pagamos los seguros sociales de autónomo de su actividad profesional privada, pobrecito, para que no se arruine.


Mi duda es si se ríen de cómo crece incontroladamente el número de parados, de lo mucho que de ellos dicen todos los días los medios de comunicación regionales o nacionales a la salud del caso Gürtel, de los costosísimos trajes y carísimas corbatas que llevan o para disimular algún posible pánico que pudieran tener.


No nos debe preocupar que se rían mutua y recíprocamente ellos dos –como “juanpalomo” ellos se lo guisan ellos se lo comen- como no queriéndole dar importancia a la cosa. El tiempo, que todo lo iguala, a más de uno le suele helar la sonrisa y el corazón.


Y los tiempos que corren no están para risotadas como las que cada día se retroalimentan mutua y recíprocamente Camps y Costa, Costa y Camps, que siguen con sus fórmulas uno, sus hípicas, sus tenis, su copas américa, sus saraos y fiestorras y sus aires de vedette. Como si su derredor fuera el Paraíso Terrenal y no supieran del pecado original, no fuera con ellos.